Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008
Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela
La música como salvadora del débil
«Nuestro primer objetivo es rescatar a los niños», afirma su secretario. Sus orquestas han tocado en la sede de Naciones Unidas y antes Juan Pablo II.
J. Escudero
Su nombre es excesivamente complejo, pero sus objetivos están claros. La Fundación del Estado para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV) –popularmente conocida como el Sistema–, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008, nació en 1975 gracias al economista y músico venezolano José Antonio Abreu (Trujillo, 1939), que fundó la Acción Social para la Música, nombre originario del Sistema.
Nada más conocer la noticia del premio, Abreu recordó que su «objetivo esencial no se refiere sólo al plano artístico, sino que se inserta, directa y profundamente, en el contexto global de una estrategia de participación, capacitación, prevención y rescate de jóvenes y niños en y por el arte». Más claro aún es Xavier Moreno, secretario de la organización: «Nuestro primer objetivo no es crear músicos profesionales. Nuestro objetivo es rescatar a los niños».
El método de enseñanza del Sistema se basa en la colaboración y en el esfuerzo. En un primer momento, se les entrega a los niños un instrumento y son asignados a una orquesta. La enseñanza, los viajes y el soporte social corren a cuenta del Estado, siempre y cuando el niño permanezca en el Sistema.
Los miembros de cada orquesta asisten a clase todos juntos y los más avanzados ayudan a aquellos que tienen más dificultades en el aprendizaje. Los resultados de este procedimiento saltan a la vista: los jóvenes progresan con tal rapidez que muchos de ellos acaban abandonando el grupo para tocar con afamadas orquestas internacionales, como es el caso del contrabajista Edicson Ruiz o el director Gustavo Dudamel.
El Sistema también cuenta con talleres destinados a niños y jóvenes para que puedan construir y reparar sus instrumentos. Además, dispone de programas especiales para jóvenes con discapacidad, como es el caso del Coro de Manos Blancos, formado íntegramente por niños sordos.
La fundación se dio a conocer internacionalmente en 1995 con un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en Washington. Desde entonces, las 120 orquestas juveniles y 60 infantiles que la componen en la actualidad han tocado por todo el mundo y en lugares tan emblemáticos como la sede de las Naciones Unidas en Nueva York o ante el Papa Juan Pablo II. Asimismo, figuras de la talla de Plácido Domingo, Rostropovich o Montserrat Caballé y directores tan importantes como Zubin Mehta o Sir Simon Rattle han colaborado con ellos.
Esta labor social y musical ha sido reconocida por instituciones y organizaciones internacionales, como la ONU, que nombró este proyecto Embajador Nacional de Buena Voluntad por «fomentar un uso adecuado del tiempo libre, evitando la incursión de los niños, niñas y jóvenes en actividades ilegales, toda vez que constituye una fuente inagotable de superación personal para lograr las metas a través del esfuerzo propio y del grupo».
Asimismo, José Antonio Abreu fue designado por la UNESCO delegado especial de la Organización para el Desarrollo del Sistema Mundial de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles y recibió en 2007 el Premio Don Juan de Borbón de la Música. Treinta y tres años después de su fundación y habiendo recibido el apoyo de todos los gobiernos venezolanos desde 1975 –su presupuesto ronda los 29 millones de dólares anuales–, el Sistema atiende a unos 250.000 niños venezolanos y cuenta con cerca de 15.000 profesores. En total, 400.000 jóvenes han formado parte en algún momento de sus vidas de alguna de las 180 orquestas asociadas. 400.000 personas que también son Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008.
El estandarte del Sistema se llama Gustavo Dudamel
«Para mí, como producto absoluto de este Sistema, significa un gigantesco estímulo para seguir tocando y luchando junto a mi maestro, José Antonio Abreu, y todos mis compañeros y así continuar multiplicando por millones esta hermosísima idea que, sin duda, puede cambiar la sociedad brindando sensibilidad, fe y esperanza a las futuras generaciones alrededor del mundo». Son las palabras de agradecimiento de uno de los estandartes del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, el director de orquesta Gustavo Dudamel.
Nacido en la localidad venezolana de Barquisimeto el 26 de enero de 1981, con tan sólo cuatro años ya tomó sus primeras clases de música de la mano de su padre. Seis más años tarde, ingresó en el Sistema, en donde aprendió a tocar el violín. Pero este instrumento no satisfacía completamente los intereses del joven Gustavo Dudamel, por lo que decidió estudiar dirección de orquesta en 1995. En 1999, el maestro José Antonio Abreu, conocedor de las impresionantes dotes musicales de Dudamel, le nombró director de la Orquesta Nacional Infantil Simón Bolívar de Venezuela, el buque insignia de las 180 asociaciones que conforman el Sistema.
Gustavo Dudamel realizó numerosas giras con la Orquesta Simón Bolívar hasta que en 2004 ganó la primera edición del Premio de Dirección Orquestal Gustav Mahler, lo que le situó definitivamente como uno de las mejores batutas mundiales. Desde entonces, Dudamel ha dirigido a numerosas orquestas. Asimismo, en abril de 2007 fue nombrado director principal de la Orquesta Sinfónica de Gotenburgo y a partir de la temporada 2009-2010 también dirigirá la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles.
Pero a pesar de todos estos compromisos, Gustavo Dudamel no se olvida de sus orígenes y sigue dirigiendo a la Orquesta Simón Bolívar. Porque, sus propias palabras, «Venezuela me dio la oportunidad de conocer la música y, por esa vía, de convertir mi existencia en lo que es hoy. Y para eso estoy yo ahora. Para dar a la orquesta todo lo que estoy aprendiendo y para crecer con ellos, porque no hablo de la orquesta como de un conjunto de músicos, sino como de mi familia».
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