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Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008

Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela

Opinión

EMILIO SAGI

Musicólogo y director de escena

La dificultad y el acierto de elegir a los mejores

Emilio sagi aplaude una iniciativa en beneficio de la colectividad y no para privilegiar éxitos individuales.

Sin duda, la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008 a las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela sólo se puede considerar como un acierto. Personalmente, siempre he visto la tremenda dificultad que ha de entrañar para los miembros del jurado atinar con la elección, no sólo porque las personas de mérito son muchas, sino debido a la gran variedad que abarca el galardón, en el que se cruzan todas las artes, haciendo todavía más compleja la decisión final que se ha de tomar.

En esta misma edición, según he podido leer, estaban entre los finalistas personalidades e instituciones tan distintas como Ennio Morricone, Leonard Cohen, el arquitecto Frank Gehry, Ferrán Adrià, el dramaturgo Peter Brook, la violinista alemana Anne-Sophie Mutter, el cineasta Emil Kusturica, la comunidad benedictina del monasterio de Silos o el Palau de la Música de Barcelona.

Y si se echa la vista atrás, ocurre lo mismo. El año pasado lo obtuvo Bob Dylan, y en la memoria de todos habrán quedado Pedro Almodóvar, Woody Allen, Paco de Lucía o Vittorio Gassmann. Basta con examinar por encima el listado para comprender la complejidad y también el acierto que se han producido en las sucesivas ediciones de este premio. Es muy amplio el abanico, aunque echo de menos que no se le hubiera concedido a Antonio Gades, que era puro carisma desde que se subió por primera vez al escenario. O a Maurice Béjart, bailarín y coreógrafo excepcional, creador del Ballet del Siglo XX, con quien tuve la fortuna de trabajar y aprender.

Las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela se merecen la distinción porque representan, en principio, el fenómeno de las asociaciones culturales que realizan un trabajo ímprobo y una labor importantísima, que muchas veces no vemos por la tendencia a privilegiar los éxitos individuales.

Conozco Venezuela y sé de sus problemas sociales, que si bien no se resuelven con estas iniciativas, de algún modo contribuyen a establecer unas bases culturales que marcan pautas para un futuro distinto y más halagüeño. Es un punto de partida deseable que los niños y los jóvenes puedan acercarse a las artes, a la música, desde edades tempranas; descubrir ese mundo que les permite adentrarse en el misterio y en el placer. Porque el arte no debe concebirse como algo arduo y ajeno, sino a la manera de una intimidad gozosa. Yo he tenido, por ejemplo, buenos y malos profesores de Literatura.

Cuando llegó el turno de los buenos, comprendí la satisfacción que proporciona introducirse en un mundo nuevo. La vida es demasiado dura en todas partes para prescindir del arte entendido en esos términos. Estoy convencido que las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela tienen a su frente a esos maestros.

 

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