Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008
Ingrid Betancourt
Opinión
KIKE FIGAREDO
Prefecto apostólico de Battambang (Camboya)
Ingrid o la causa de la paz
Figaredo invoca a la Madre Teresa de Calcuta, quien afirmó que en la fraternidad cristiana nadie «ha sido llamado al éxito, sino a la fidelidad». Desde esa actitud felicita a Ingrid Betancourt y nos recuerda los padecimientos del país donde hace su apostolado, Camboya.
Este año el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia ha sido muy especial para nosotros en Camboya. Ver cómo la gente se volcaba con nuestra candidatura y trabajaba con ilusión porque nuestra causa triunfara nos ha producido una sensación de alegría y felicidad indescriptibles. El hecho de haber estado incluidos en la lista finalista y asociados al galardón, el grandísimo apoyo recibido, el entusiasmo y cariño incondicional de los amigos y de la opinión pública ya ha sido para nosotros suficiente premio.
Sabemos que nuestro nombre ha estado presente en varias ocasiones para este galardón y este año un grupo de amigos presentó nuestra candidatura con mucha fuerza. No hay duda de que nos hubiese hecho ilusión recibir este reconocimiento desde mi patria querida, pues como asturiano de los pies a la cabeza ¡hasta he replicado la Cruz de la Victoria en mi parroquia de Tahen!
Y más ilusión nos hubiese hecho aún por nuestra ‘afición’ camboyana, por tanta gente involucrada en nuestras actividades, en nuestros proyectos, en nuestras iniciativas, con sus ahorros, con su trabajo en su tiempo libre, con su ánimo y su aliento. Es una lástima que su entusiasmo y esfuerzo no fuera recompensado, porque el premio, a fin de cuentas, es para todos y para una causa, los trabajos de la paz y la concordia.
Nuestra candidatura camboyana representa al hombre, Asia, la Iglesia, el trabajo por los pobres, por los discapacitados. Ingrid Betancourt representa la causa de la mujer, a Latinoamérica, a la clase política dialogadora y democrática, la lucha por la libertad, la causa de la paz. Quizás en los tiempos que vivimos tenga más beneficios e impacto mediático la causa de Ingrid y nos felicitamos porque la causa de la paz y la concordia ha sido premiada. Colombia es un país castigado por la violencia, la división, la falta de entendimiento, la guerra y, lo que muchos no saben, las minas antipersona.
El premio de la Concordia, y la gloria que conlleva, ayudarán a Ingrid Betancourt a trabajar con más fuerza por la paz en Colombia. Pero también la sociedad colombiana y la paz a nivel mundial se pueden ver impulsadas por el mismo. Si pudiera hablar con ella y fecilitarla le pediría de todo corazón que utilizara el impacto de este premio para volcarse en la lucha contra las minas antipersona y en el apoyo a las víctimas en el país más afectado del mundo por las minas y las bombas de racimo.
Hoy, tras haber acariciado el premio de la Concordia de la fundación Príncipe de Asturias, este resultado nos coloca de nuevo suavemente en nuestro sitio, con nuestra gente, especialmente con los más pequeños y desfavorecidos; arropados por el caluroso cariño y ferviente entusiasmo de todos nuestros amigos, que es lo que verdaderamente necesitamos.
Vamos a seguir centrados en nuestro trabajo, más aún ahora que hemos recibido un nuevo impulso con el gran apoyo y felicitaciones manifestado con sinceridad desde muchos rincones del mundo de habla inglesa, francesa, china, de gente que valora nuestro trabajo por la paz desde los más pequeños. ¿Qué más podemos pedir? Siento que hay mucho de evangélico en esta historia y eso nos reconforta un montón.
Felicitar a Ingrid Bentancourt una vez más, dar gracias a la Fundación Príncipe de Asturias por ayudar a difundir esta causa, la causa de la Paz. Pero en especial mis oraciones llenas de gratitud a todos aquellos que fijándose en nuestra pequeña misión en Camboya quieren que nuestros trabajos por el desarrollo integral, la inclusión social, la reconciliación, la paz y la concordia sean premiados. Pero no olvidemos lo más importante dicho por la beata Madre Teresa de Calculta: «No hemos sido llamados al éxito sino a la fidelidad» al servicio de los pobres.
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