En la memoria olímpica quedará para siempre la jornada en la que dos deportistas de otro mundo, Michael Phelps y Usain Bolt, llevaron al límite la naturalez humana.
En esta ocasión, sin embargo, por delante de ambos se desplegó un deportista español, Rafael Nadal, cuya vida es puro vértigo. A los 22 años se le amontonan los reconocimientos. En tres meses ha conquistado Roland Garros, Wimbledon y los Juegos.
Ayer, el llamado 'rey' del tenis continuó el levantamiento de trofeos con un galardón principesco.
«No podía ser de otra manera», como adelantaba un miembro del jurado. La decisión final fue sencilla. No hubo discusión, a pesar de los momentos de incertidumbre, cábalas más o menos acertadas y toda suerte de dimes y diretes que precedieron, durante las deliberaciones, la concesión del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2008.
En otras palabras, el salón Covadonga del Hotel de la Reconquista se convirtió en el epicentro de lo que debía de ser la noticia del día: la atribución de su máxima recompensa al hombre del año, al ganador de ocho títulos en la presente temporada, al número uno.
Todo según lo previsto, ni una sola sorpresa de última hora. Muchos eran los llamados, pero sólo uno fue el elegido. La fumata blanca, como manda el protocolo, se hizo esperar. Sólo a las doce del mediodía se hizo oficial, aunque, desde horas antes, su nombre ya circulaba por las redacciones de los medios. D
De los 29 candidatos presentados, a las últimas votaciones llegaron el nadador estadounidense Michael Phelps, el deportista con más medallas de oro olímpicas (14) tras las ocho conquistadas en Pekín; el velocista jamaicano Usain Bolt, primer hombre capaz de batir tres récords mundiales en unos mismos Juegos; la saltadora de pértiga rusa Yelena Isinbayeva, imparable hasta los 5,05 metros; la selección española de fútbol, campeona de Europa, y el tenista Rafa Nadal.
De los cinco, tan sólo dos alcanzaron a la última ronda: el manacorí y el 'torpedo de Baltimore'. Y Nadal barrió sin contemplaciones al nadador. Se llevó el galardón por 18 votos de los 24 posibles, es decir, por mayoría, sucediendo así a Michael Schumacher. «No hubo discusión», reconocía Arantxa Sánchez Vicario.
El mallorquín se convierte en el deportista más joven en la historia en recibir el Príncipe de Asturias, el décimo español en las 22 ediciones y el primer tenista masculino tras los galardones otorgados a Martina Navratilova, Arantxa Sánchez-Vicario y Steffi Graf .
El jurado del galardón, presidido, una vez más, por Juan Antonio Samaranch -presidente vitalicio del Comité Olímpico Internacional y honrado él mismo con este reconocimiento en 1988-y del que formaban parte, entre otros, Jaime Lissavetzky, Misael Fernández Porrón, y Enrique Castro 'Quini', consagró a un «deportista ejemplarizante, cuya reacción en los triunfos más importantes y el modo que destaca la labor de sus oponentes son particularmente impecables».
Labor solidaria
Samaranch leyó el acta en el que se reconocen «los méritos contraídos por el ganador, tanto en competiciones del Grand Slam (Roland Garros por cuarta vez y Wimbledon por primera), como en la obtención del número uno del mundo, y que, en año olímpico, ha añadido a su impecable palmarés la medalla de oro en Pekín».
Tampoco pasó inadvertido la reciente creación por parte del tenista de una fundación de carácter benéfico que lleva su nombre, destinada a la asistencia social a colectivos desfavorecidos y a la cooperación al desarrollo.
El director de la Fundación Príncipe de Asturias, Graciano García, fue el encargado de comunicar telefónicamente la grata noticia de la concesión del galardón al premiado, que se encuentra participando en el Abierto de Estados Unidos.
Rafa Nadal confirmó durante esa conversación su asistencia a la ceremonia de entrega de los galardones, que tendrá lugar el próximo día 24 de octubre en el teatro Campoamor de Oviedo, bajo la presidencia de los Príncipes de Asturias, que ayer remitieron un telegrama al tenista para trasladarle su «más calurosa felicitación en reconocimiento a tu extraordinaria trayectoria deportiva».