Premio Príncipe de Asturias de Investigación 2008
Tobin Marks, Sumio Iijima, Robert Langer, Shuji Nakamura y George M. Whitesides
Opinión
JOSÉ MANUEL ABAD LIÑÁN
Director de Science España
Un supermaterial con gran futuro
Coja un folio de papel y haga un barco. Ahora coja medio folio y haga otro barco. Inténtelo de nuevo con la mitad de esa mitad, y continúe probando con trozos cada vez más pequeños. Suponiendo que tuviéramos dedos suficientemente diestros para doblarlo a escalas microscópicas, ¿hasta dónde podremos seguir haciendo barcos de papel? Antes o después, llegará un momento en que eso que llamamos papel se convierta en una realidad con propiedades bien distintas a la de una mera superficie blanca y flexible para escribir.
Esta figura es idea de un premio Nobel de 1999, el físico holandés Gerardus ‘t Hooft, para acercar nuestra comprensión a las propiedades del mundo subatómico, que se rige por unas leyes incomprensibles o directamente ridículas en comparación con las que observamos a simple vista en la naturaleza.
El trabajo de uno de los premiados con el Príncipe de Asturias en Investigación Científica y Técnica de este año, Sumio Iijima, se queda unos pasos más acá entre el mundo de lo más pequeño y nuestra realidad macroscópica, pero comparte la fascinación que suscitan las propiedades de la materia a muy pequeña escala, con el valor añadido de un abanico de aplicaciones inimaginables.
La nanotecnología construye un mundo nuevo mediante el estudio de ‘ladrillos’ moleculares desconocidos. Hablamos de componentes de la materia a escalas de milmillonésimas del milímetro. A Iijima (Saitama, Japón, 1939) se le atribuye (con algunas discrepancias) el descubrimiento de los nanotubos de carbono, la única molécula conocida capaz de soportar indefinidamente su propio peso (y, por tanto, ideal para construir largas cadenas que sorteen el inconveniente de la gravedad, como ahora veremos).
Pero ¿qué es un nanotubo de carbono? Pues sencillamente una de las estructuras más flexibles, ligeras y resistentes de la naturaleza. Una malla de átomos de carbono con propiedades sorprendentes y aplicaciones en campos muy diversos. Por poner sólo unos ejemplos, resultan unos excelentes transportadores para la suministración de medicamentos sólo allí donde son realmente necesarios y dosificándolos con mucha precisión.
Hace sólo unos meses, investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona consiguieron crear una nanoestructura que desplazaba cargas diminutas y resultaba relativamente fácil de dirigir hacia su objetivo. Además, ya se investiga con crear células nerviosas reforzadas con nanotubos para aumentar su conductividad.
En el campo de la energía, suponen un sistema excelente para almacenar hidrógeno, unos de los combustibles con más perspectivas de futuro, o para transformar la energía solar en eléctrica con más eficiencia que en la actualidad. En el de las tecnologías de la información, los nanotubos permiten crear mejores transmisores, circuitos y memorias.
El premio Príncipe de Asturias es el segundo importante que el profesor Iijima recibe este año, junto al Kavli, concedido por la Academia de las Ciencias y Letras y el Ministerio de Ciencia e Investigación noruegos, una suerte de competencia a los Nobel de sus vecinos suecos. Justo reconocimiento al aporte de los nanotubos de carbono que, por su resistencia y su flexibilidad, por sus extraordinarias capacidades de conductividad eléctrica y térmica, desvelan aplicaciones inéditas desde chalecos antibalas, a manillares de bicicleta o pantallas de PDA.
Ciencia de lo concreto que, sin embargo, deja abierta las puertas a las aplicaciones de frontera. Porque el trabajo de Iijima, profesor de la Universidad Meijo y director del Centro de Investigación para el Avance de los Materiales de Japón, permite también soñar y pensar a lo grande. Con polvo lunar, resina sintética y 1.3 kilos de nanotubos, la NASA prepara un prototipo de telescopio de tamaño del Hubble y que instalaría en la superficie lunar en su próxima misión. Pero no sólo.
Una de las propuestas más rompedoras del físico y escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke, el ascensor espacial, puede ser una realidad gracias a estos materiales. Se trata de un cable suspendido desde la órbita geoestacionaria y que permitiría subir cargas directamente desde la Tierra al espacio. Sea cual sea la motivación primera de los trabajos de Iijima, quizá sea pertinente traer aquí una frase de Clarke: «todo científico debe tener interés en la ciencia ficción en algún momento. Si no, nunca será creativo».
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