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Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2008

Google

Opinión

MANUEL TOHARIA

Presidente de la Asociación de Comunicación Científica Española

El premio más universal

Los premios Príncipe de Asturias tienen vocación internacional de primer orden, y aunque no siempre lo consiguen, en esta ocasión han acertado de lleno al reconocer la enorme labor de Google a la hora de facilitar a cientos de millones de internautas la navegación por un universo cada vez más complejo y lleno de trampas, la red de redes, internet.

El año pasado se premió a las revistas ‘Science’ y ‘Nature’, que son un excelente ejemplo de vehículo de comunicación entre científicos pero en absoluto lo son de cara a la cada vez más necesaria democratización de la ciencia, que debe hacerse contando con una ciudadanía cada vez más informada y culta, y no tanto con un elenco de científicos muy eruditos y sabios, perfectamente comunicados entre ellos, porque está en su oficio, pero que no siempre consiguen que la sociedad a la que pertenecen y sirven se entere de qué va lo que hacen.

Exactamente lo contrario de lo que hace Google, que es sin duda una herramienta, como algún miembro del jurado disconforme con el fallo ha señalado, pero una herramienta de comunicación poderosa detrás de la cual no hay sólo una tecnología potente sino también y sobre todo muchos cerebros de lo más humano que existe, perfectos ensambladores del conocimiento universal al servicio de todos. Así lo destaca el comunicado del jurado de este año al señalar que se premia a Google porque «pone de forma instantánea y selectiva al alcance de millones de personas el canal de internet favoreciendo así el acceso generalizado al conocimientos». Un buen contraste con las revistas altamente especializadas premiadas con el mismo galardón el pasado año.

El Príncipe de Asturias se concede igualmente al buscador de buscadores por su contribución decisiva al progreso de los pueblos por encima de fronteras económicas, ideológicas, lingüísticas o raciales. Todo lo cual es cierto, y por eso, obviamente, el premio es justo; lo que no quiere decir que no lo merecieran igualmente otras entidades o personas individuales como, sin ir más lejos, el excelente maestro de reporteros Manu Leguineche.

Pero los premios son así; en ciencia, por ejemplo, nunca se le ha dado el Príncipe de Asturias a Margarita Salas. Pero sí se lo dieron hace unos años conjuntamente a Gallo y Montagnier por el codescubrimiento del virus del sida; fue un despiste notable, no por la trascendencia de lo que se premiaba sino porque a pesar del acuerdo comercial impuesto por la diplomacia norteamericana, siempre supimos todos que Gallo se había apropiado de lo que descubrió Montagnier.

No ha caído en el error el Nobel de este año, que sólo premia a Luc Montagnier y a otra científica francesa de enorme importancia en esa investigación pero mucho menos mediática, Françoise Barré-Sinoussi. Ella, obviamente olvidada por aquel jurado de nuestro premio asturiano. Gallo, excelente científico sin duda pero de conducta éticamente reprobable, nunca mereció compartir aquel ilustre galardón.
Volviendo a Google, resulta esencial destacar, finalmente, que es una empresa fundada hace sólo diez años por los jóvenes emprendedores Larry Page y Sergei Brin, quienes buscaron el nombre a partir del número gúgol, escrito en inglés googol, que equivale a diez potencia cien, o sea un 1 seguido de cien ceros.

Todo confluye para que, este año sí, seamos muchos los que consideremos que se trata del justo merecedor de un premio tan importante como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. No hay duda de que Google ayuda a comunicarnos más y mejor; que, además, eso contribuye al progreso de la humanidad resulta aún más obvio...

 

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