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Premio Príncipe de Asturias de las Cooperación Internacional 2008

Centro de Investigacão Manhiça, Ifakara Health Institute, Malaria Research and Training Center y Kintampo Health Research Centre.

Opinión

JOSÉ MARÍA MENDILUCE

Ex alto funcionario de la ONU y escritor

Por un planeta digno

El ex comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados rememora el Premio Príncipe de Asturias de 1991, cuando «tuve el honor de acompañar a Sadako Ogata», y ve en el galardón de esta edición la encomiable continuidad que preside la lucha contra la malaria.

Si algo ha venido caracterizando a los Premios Príncipe de Asturias desde el inicio de su andadura en 1981, ha sido la capacidad de selección de los premiados y la oportunidad de los argumentos del jurado para su otorgamiento. Su indudable prestigio creciente a nivel mundial se debe principalmente a ese hecho: si no todo el mundo puede estar de acuerdo con las decisiones de un jurado, siempre se han respetado las razones de su elección y la relevancia de los premiados. En el área de la Cooperación Internacional no podía haber sido de otra manera.

Tuve el honor de acompañar a Sadako Ogata, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Refugiados (premiada el año 1991) a la ceremonia de entrega y desde entonces he mantenido una relación de cercanía anímica con los Premios. Este año, el jurado ha querido un premio compartido por cuatro instituciones dedicadas a la investigación y prevención en el área de la salud pública, en particular en la lucha contra esa maldita enfermedad mortal de los pobres llamada malaria.

Y digo de los pobres porque sus zonas de acción corresponden a países tropicales y subtropicales y multiplica su mortalidad entre los más vulnerables, en particular la infancia, pero también entre los sectores físicamente debilitados de la población. Olvidada en parte por el desarrollo de otra pandemia terrible llamada sida, hoy es claro que la malaria sigue siendo la primera causa de mortalidad en muchos países africanos y otros. Y que se ha hecho muy poco desde el norte desarrollado (y no directamente afectado) para descubrir la vacuna preventiva y el desarrollo de la terapia curativa.

Los Premios se han ocupado de la malaria directamente en dos ocasiones: este año y en 1994, cuando se otorgó al doctor Manuel Elkin Patarroyo, por su vacuna sintética. E indirectamente el año 2006, cuando se premió a la Fundación de Bill y Melinda Gates, que desarrolla un extraordinario trabajo también en esta área.

En el momento en que millones de ciudadanos se preguntan que pasa con unas finanzas en crisis, producto del todo vale y de la avaricia sin límites de un sistema insostenible, los premios nos enseñan que hay otras personas e instituciones que luchan por una vida mejor y más digna en un planeta más habitable para todos. De ahí, me parece, su particular relevancia. Felicidades y ánimo a las cuatro instituciones premiadas. Felicidades al patronato por sus continuos aciertos.

 

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