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Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2008

Centro de Investigacão Manhiça, Ifakara Health Institute, Malaria Research and Training Center y Kintampo Health Research Centre.

 

La enfermedad de los pobres

La malaria afecta a 3000 millones de personas cada año, pero la vacuna desarrollada por el español Pedro Alonso, uno de los premiados, puede reducir sus riesgos.


J. Escudero

Realizando una labor callada y sin apenas publicidad, cuatro organizaciones desarrollan en África una guerra silenciosa contra una de las enfermedades que más afecta a los países subdesarrollados: la malaria o paludismo. Un trabajo duro pero a la vez gratificante que les ha servido al Centro de Investigación en Salud de Manhiça, de Mozambique; el Ifakara Health Institute, de Tanzania; el Malaria Research and Training Center, de Mali, y el Kintampo Health Research Centre, de Ghana, a ser acreedores del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2008.

Casi tan antigua como el hombre, la malaria se transmite por la picadura de la hembra del mosquito ‘Anopheles’, que habita en las zonas tropicales. Aunque también está presente en América Latina, Oriente Próximo y el Sureste Asiático, es en África donde el paludismo tiene una mayor incidencia. En total, el 40% de la población mundial –unos 3.300 millones de personas– se encuentra en riesgo de contraer esta enfermedad parasitaria, la más importante en humanos. De hecho, en 2008 había 109 países con malaria endémica, 45 de ellos africanos.

Cada año se producen entre 300 y 500 millones de casos de malaria, causando la muerte a entre uno y tres millones de personas, especialmente mujeres embarazadas y niños. No en vano, cada treinta segundos muere un niño menor de 5 años a causa de esta enfermedad.

Pero la malaria no sólo tiene un elevado coste en vidas humanas, sino también en el plano económico. El director del Instituto de la Tierra, Jeffrey D. Sachs, calcula que esta enfermedad ha supuesto un perjuicio en los últimos 35 años equivalente al 1,3% del PIB de los países afectados y cada año le cuesta a los gobiernos 12.000 millones de dólares, lo que hace acentuar el ciclo vicioso pobreza-enfermedad en el que se encuentran sumidos los países subsaharianos.

Ante esta grave situación, la ONU ha incluido en sus Objetivos del Milenio la reducción de la incidencia de la malaria para 2015. Para ello, líderes mundiales han aprobado recientemente un Plan de Acción Global contra la malaria dotado con 3.000 millones de dólares (cerca de 2.200 millones de euros) y que tiene como objetivo salvar más de 4,2 millones de vidas hasta 2015 y, en un futuro, erradicar el paludismo.
Pero ‘erradicar’ es una palabra tabú para el investigador español Pedro Alonso, que suele emplear el término ‘e-word’ que se acuñó tras el fracaso del programa de erradicación de la malaria puesto en marcha tras la Segunda Guerra Mundial. «Erradicar significa acabar con la malaria, hacer que desaparezca el parásito de la Tierra. Y ésta es la batalla cuyo final yo no llegaré a ver», sostiene Alonso, que añade que «con las herramientas que tenemos hoy, podemos eliminarla de ciertas zonas, pero para erradicarla necesitamos otras nuevas».

De origen asturiano, madrileño de nacimiento y catalán de adopción, Pedro Alonso dirige desde su fundación, en 1996, y junto a su mujer, Clara Menéndez, el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (Mozambique), en el que ha desarrollado en estos últimos años una vacuna contra la malaria, lo que ha llevado a la revista ‘Time’ designarlo como uno de los dieciocho héroes en la lucha por la salud en el Tercer Mundo.
Este doctor madrileño vive a salto entre Barcelona y Mozambique, pero tanto viaje no le supone inconveniente alguno. «Yo no me sacrifico, me lo paso muy bien haciendo lo que hago: soy el hombre más feliz del mundo, estar en África es un privilegio», asegura. Pero sus estancias en África no son fáciles. De hecho, ha enfermado de paludismo en varias ocasiones.

Pedro Alonso conoció los estragos de la malaria en su visita a Gambia en 1984. Desde entonces, se volcó decididamente en la lucha contra el paludismo. Tras años de investigaciones, desde hace cuatro está desarrollando una vacuna contra el parásito ‘Plasmodium falciparum’, causante de la enfermedad. El estudio del director del Centro de Salud Internacional del Hospital Clínic de Barcelona cuenta con la financiación de, entre otros, la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Fundación Bill y Melinda Gates, sumando en total unos 1.5000 millones de dólares.

A falta de la Fase III del ensayo clínico, en la que participarán 16.000 niños de siete países africanos, los resultados de la vacuna desarrollada por GlaxoSmithKline y conocida como Mosquiris o RTS,S/AS02 son alentadores. Este fármaco ha conseguido reducir en un 30% los casos clínicos, en un 45% las nuevas infecciones, en un 58% la malaria grave y en un 77% la malaria severa en menores de dos años.

Si la Fase III es satisfactoria, a finales de 2009 podría estar listo el producto, aunque no se administraría –en ningún caso se comercializará– a gran escala hasta 2013. No obstante, Alonso recuerda que «no será la vacuna definitiva, sino la primera generación de unas cuatro».

Los galardonados:

 

Ifakara Health Institute. Pais: Tanzania. Director: Hassan Mshinda.

Fundado en 1956 y puesto en marcha por el Instituto Tropical Suizo, el Ifakara Health Institute de Tanzania se afilió en 1990 al Instituto Nacional de Investigación Médica de Tanzania y desde 1997 funciona como organización independiente sin ánimo de lucro. Entre sus investigaciones, destaca un tratamiento intermitente de malaria en niños, que reduce los casos clínicos un 60%, la anemia severa un 50% y las hospitalizaciones un 30%. Asimismo, ha constituido un consorcio de investigadores para evaluar estos resultados en otros países africanos.

The Malaria Research and Training Center. País: Mali. Director: Ogobara Doumbo.

Creado en 1989 por varios organismos internacionales, el Malaria Research and Training Center de Mali abarca todos los campos de investigación de la malaria, desarrollando estrategias para el control de la enfermedad, como es el caso de tecnologías para detectar la presencia de parásitos resistentes a partir de una simple gota de sangre en papel de filtro. Está constituido como una organización unitaria, donde el trabajo es planificado, dirigido y ejecutado por personal maliense.

Kintampo Research Centre. País: Ghana. Director: Seth Owusu-agyei.

El Kintampo Health Research Centre se estableció como uno de los tres centros de investigación del Servicio de Salud de Ghana en 1994. Desde entonces, ha desarrollado un amplio sistema de vigilancia regional de la enfermedad. Asimismo, el Kintamo Health Research Centre esta probando en Ghana desde 2006 la vacuna RTS,S, creada en 1987 y desarrollada por GSK_Biologicals, con ensayos clínicos en niños de entre 5 y 7 meses, logrando una inmunización de 5 meses a los 17 años.

Centro de Investigação de Manhiça. País: Mozambique. Directores: Pedro Alonso y Clara Menéndez.

Creado en 1996 por el matrimonio formado por Pedro Alonso y Clara Menéndez, el Centro de Investigação em Saúde de Manhiça de Mozambique ha desarrollado en los últimos años la vacuna RTS,S/AS02, el fármaco que mejores resultados ha dado para minimizar los riesgos de la malaria. Los ensayos de este producto han conseguido reducir en un 30% los casos clínicos, en un 45% las nuevas infecciones, en un 58% la malaria grave y en un 77% la malaria severa en niños menores de dos años. Cuenta con la financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates.

 

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