Martin Cooper y Raymond Samuel Tomlinson logran el galardón de Investigación como padres del teléfono móvil y del correo electrónico. El jurado recuerda que ambos son «clave para los 'Objetivos de Desarrollo del Milenio': que todo ciudadano ejerza su derecho a comunicarse»
 Lograr el reto de las comunicaciones globales e ilimitadas es el sueño de un nuevo mundo sin barreras espaciales ni temporales. Por él trabajan los ingenieros norteamericanos Martin Cooper y Raymond Samuel Tomlinson y por estar a punto de lograrlo entraron ayer en el selecto club de los Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2009.
Cooper, por haber dado forma y uso al primer teléfono móvil de la historia, un artefacto de casi un kilo de peso con el que ayer se dejaba fotografiar feliz; y Tomlinson, por lanzar al aire cibernético la primera carta sin papel y hacer de un pequeño símbolo, el @, un icono del siglo XXI. Dicho en palabras del jurado por haber «revolucionado la manera de comunicarse de miles de millones de personas en todo el mundo».
El acta del premio añade que esta revolución contribuye no sólo «de manera decisiva al avance del conocimiento», sino que también, ofrece «instrumentos clave», así se refieren al correo electrónico y al teléfono móvil «para lograr los 'Objetivos de Desarrollo del Milenio' de las Naciones Unidas», que aspira a que todo ciudadano del planeta ejerza, precisamente, «su derecho a comunicarse».
El prestigioso cirujano Enrique Moreno, presidente del jurado que culminaba unas intensas deliberaciones sin una sola fisura en el fallo, explicó al hacer pública en Oviedo la decisión unánime que los logros de los dos premiados «están entre las más grandes innovaciones tecnológicas de nuestro tiempo».
Apoyos estelares
Contaba la candidatura conjunta de los dos premiados con respaldos muy importantes. Los Premios Nobel Leo Esaki, de Física 1973, y Sir Harold Kroto, de Química 1996, apostaron por estos dos ganadores. Algo que también hizo Vinton Cerf, a quien se le debe haber puesto sobre la mesa de votaciones la candidatura premiada.
Cerf, uno de los padres de internet, es Príncipe de Asturias de Investigación 2002, precisamente por desarrollar a partir del correo electrónico de Tomlinson el actual e-mail. Cabe recordar que en 1971 cuando el ingeniero de Nueva York envió su primer mensaje no existía la red de las redes. Vinton reconoce ahora que los ingenios de Cooper y Tomlinson «se han convertido en parte indispensable de la vida para casi todo el mundo en el planeta».
De hecho, el impacto social de ambas herramientas tecnológicas fue otra de las consideraciones que hizo el jurado al elegir a estos dos ingenieros norteamericanos, ya que son ya más de cuatro mil millones los usuarios de telefonía móvil y más de mil quinientos millones los correos electrónicos que han pasado de un ordenador a otro desde su creación. Pero estas cifras no son tan frías como parece, pues, «suponen una fuente de igualdad» y de oportunidades. «Representan», dice el documento del fallo, «una importante ayuda a los países en vías de desarrollo», ya que permite acercarles «a servicios básicos, como la sanidad y la educación».
No es el trabajo de estos dos ganadores una labor solitaria. En su mismo camino ha habido muchas personas contribuyendo al impulso de esta revolución en las comunicaciones y a ellos también recuerda el jurado en su acta, recordando que un mundo conectado, sin barreras geográficas y temporales debe ser y es una labor colectiva.
Pero los grandes protagonistas son los que pasarán a la historia. Martin Cooper, por inventar en 1973 el primer teléfono portátil, que no logró poner en el mercado hasta diez años después. Este ingeniero de Chicago, trabajó durante casi tres décadas en la compañía Motorola y luego cofundó 'Cellular Bussines Systems', que pronto dominó el mercado de la telefonía móvil.
Cooper, que tiene su propia ley, la de Eficiencia Espectral, que es conocida como Ley de Cooper (determina que el máximo de conversaciones de voz o transacciones de datos que pueden circular por un área del espectro radiofónico se duplica cada 30 meses), ha colaborado con el Gobierno estadounidense para localizar nuevos espectros de radiofrecuencia y formulado.
Su compañero de palmarés, Raymond S. Tomlinson, desarrolló en 1971 la primera aplicación de correo electrónico para enviar mensajes entre ordenadores. A él se debe también la elección del símbolo de la arroba (@) para distinguir los correos locales de los globales en la dirección del mensaje, ese símbolo, que acabaría convirtiéndose en el icono digital universal que hoy todos conocemos.
Premiado en numerosas ocasiones, como su compañero de palmarés, el programa inicial de Tomlinson supuso toda una revolución, ya que rompió las barreras para el futuro desarrollo del e-mail, que rápidamente se convirtió en una de las aplicaciones más utilizadas de la red y que por su inmediatez y bajo coste ha sabido adaptarse a las demandas comunicativas de las sociedades desarrolladas.
Felicitación del Príncipe
Como es habitual tras hacerse público el fallo, el Príncipe de Asturias felicitó a los premiados, enviándoles sendos telegramas en los que se «complace» en expresarles «la más calurosa felicitación» por la concesión del galardón que en anteriores ediciones obtuvieron, precisamente, los pioneros en el desarrollo de internet ( Roberts, Kahn, Berners-Lee y el propio Cerf), la etóloga Jane Goodall y, entre otros, quienes lideran la investigación de las aplicaciones de nuevos materiales al desarrollo sostenible (Langer, Marks, Whitesides, Iijama y Nakamura). |