
La Organización Mundial de la Salud (OMS), moradora diaria de las páginas de los periódicos a causa de la gripe A, salta ahora a todas las portadas, pero no para hablar de enfermedades que se extienden, ni dar pautas de comportamiento sanitario. Esta vez, la OMS, la mayor organización multilateral sanitaria del mundo, se convierte en punto de atención porque el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional creyó ayer que su obra en beneficio de la «salvaguardia del derecho fundamental de todo ser humano a la salud» debía ser destacada por encima de la labor del resto de los 25 candidatos de este año.
Al destacar ese hecho fundamental en la cruzada de la OMS, el jurado lo que hace es rescatar la voz del Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu, que utilizaba esa relación entre la salud y el derecho asumida como columna vertebral de la OMS, precisamente para definir sus trabajo.
Pero en su argumentación, dada a conocer por Antonio Garrigues Walker, que actuó como presidente, se hace especial hincapíe no sólo en la teoría de una misión sanitaria, sino también en los logros más sonados de la institución, que nacía en abril de 1948 en el seno de las Naciones Unidas. Logros como la reducción de la mortalidad infantil, la erradicación de la viruela, la reducción, en más de un 99%, de los casos de poliomielitis, la prevención y control de enfermedades infecciosas como el sida, la tuberculosis o el paludismo. También este Premio Príncipe valora la capacidad de liderazgo de la OMS en los asuntos sanitarios cruciales, poniendo especial énfasis en el hecho de que su trabajo se lleve a cabo «en un contexto mundial en transformación».
Una de las misiones fundamentales de la Organización Mundial de la Salud es la configuración de la agenda de investigaciones, que como su capacidad para establecer normas y políticas que aúnen principios éticos y científicos y su apoyo técnico y logístico a los países que lo necesitan, también fue tenido en cuenta en el fallo del galardón.
La OMS en la actualidad está integrada por 193 estados miembros y dos asociados y ha contado con el apoyo del mencionado Nobel sudafricano y con el de otras destacadas personalidades, como Jimmy Carter, Bill Gates, el Príncipe Carlos de Inglaterra, la Princesa Muna Al Hussein de Jordania y Jens Stoltenberg, primer ministro de Noruega.
Dirigida a nivel mundial por la asiática Margaret Chan, la principal meta de la OMS es, según ella, «la creación de un mundo más sano en el que las epidemias sean reducidas, especialmente entre los más pobres del mundo y la mayoría de las personas vulnerables».
La labor
A todos los objetivos logrados ya mencionados se une una larga lista de actuaciones que comenzaba en la década de los cincuenta. Uno de los primeros programas que llevó a cabo fue la lucha contra la enfermedad de Pian, un mal paralizante y deformante, que en 1950 afectaba a unos 50 millones de personas y que en 1965 se redujo en más de un 95%.
Hace seis años estableció un convenio marco para el control del tabaquismo con el fin de reducir las enfermedades y las muertes relacionadas con este hábito. En 2004 la OMS publicó su 'Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud', en este caso con el objetivo de luchar contra cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, diabetes, cáncer y afecciones relacionadas con la obesidad. Quiere esto decir que no todo es luchar contra la propagación de enfermedades infecciosas (como las gripes A y la aviar), pues su batalla es también preventiva, siendo una de sus principales labores el establecimiento de las normas que deben aplicar los países para identificar los brotes epidemiológicos para detener su propagación.
Tras la malaria
Este premio de Cooperación Internacional sube al palmarés el segundo de los ocho galardones que concede la Fundación Príncipe de Asturias, tras el de las Artes que recibió el arquitecto Norman Foster. Llega, además, tras la concesión el año pasado de este mismo galardón a los proyectos que luchan contra la malaria. Está claro que el jurado parece preocupado por la salud y, como advertía ayer Consuelo Crespo, presidenta de Unicef y una de sus miembros, también por el hecho de que «los principios científicos y éticos, lleguen a todos los habitantes del planeta».
Unos principios que, según decía ayer el ex ministro Suárez Pertierra, les han llevado a lograr «eficacia global en un momento de problemas globales». Para el diplomático y presidente de Patrimonio Nacional, Yago Pico de Coaña, sus méritos son importantes porque «no son de hoy ni de ayer, sino de siempre». Y la concesión del galardón es trascendente, en palabras del jurista Garrigues Walker, porque «es un aviso a la Humanidad y advierte de que sin instituciones globales no habrá nunca una globalización seria».