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Príncipe para el «arquitecto de la era global» PDF Imprimir E-Mail
Foster se lleva el galardón de las Artes por el alcance universal de su obra, que «anticipa con brillantez la única polis posible en el siglo XXI»
 
Es «el arquitecto de la era global». Así al menos le define el jurado de hombres y mujeres que ayer le convirtieron en el nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Es Norman Foster, un británico de Manchester -aunque su casa y su gigantesco estudio miran al Támesis- que se ha ganado los laureles dibujados en Oviedo por el «alcance universal» de su obra. Una obra que «anticipa con brillantez la única polis posible en el siglo XXI», pensada «al servicio del desarrollo sostenible y de la libertad personal y social».
 
Así de extremadamente elogiosa es el acta del galardón que inaugura el palmarés de este año, convirtiendo este Príncipe de las Artes en un aplauso rotundo a los edificios y grandes infraestructuras que Foster ha levantado en medio mundo. Y lo ha hecho siempre, según el jurado, «conjugando la calidad estética, la reflexión intelectual y el diálogo entre territorio y ciudadanía, a través de un original dominio del espacio, la luz y la materia».
 
Foster, casado con la psicóloga española, ahora editora de libros de artista, Elena Ochoa (vinculada a la Fundación Príncipe como miembro del Jurado del Premio de Comunicación y Humanidades), recibía las felicitaciones por el Premio en el mismísimo palacio de Buckingham, donde el matrimonio asistía al almuerzo anual de la reina Isabel II con los miembros de la Orden del Mérito, a la que pertenecen. No hay que olvidar que el arquitecto británico es un lord.
 
El mismo año que la Reina le concedía ese título, en 1999, lograba el Pritzker, el galardón más prestigioso del universo arquitectónico. A él se suma ahora este Príncipe de Asturias de las Artes, que le coloca en el palmarés junto al brasileño Óscar Niemeyer, y los españoles Javier Sáenz de Oíza y Santiago Calatrava. Tres arquitectos de los que Foster se confiesa admirador.
 
Como a ellos en su día, ayer el Príncipe de Asturias le envió su «más calurosa felicitación». En su nombre y en el de su esposa, doña Letizia, quien en otoño pondrá en sus manos el prestigioso galardón, como presidente de honor de la Fundación que los concede, don Felipe elogia en un telegrama las «obras excepcionales» de Foster, por estar concebidas, dice, «desde una perspectiva creadora, humanista y de vanguardia manteniendo al mismo tiempo un firme compromiso con el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente».
 
Su obra
 
En 1985, Foster se hacía popular por el edificio del Banco de Hong-Kong y Shanghai, un rascacielos de cristal de 47 plantas que destaca por la iluminación natural y el uso de la tecnología como herramienta de creación arquitectónica. En España firma el metro de Bilbao y la torre de comunicaciones de Collserola, en Barcelona (en el Tibidabo), que fue vital para los Juegos Olímpicos de 1992.
Entre sus obras más representativas destacan la terminal aérea del tercer aeropuerto londinense, la cúpula de vidrio del edificio del Reichstag alemán, la cúpula del patio central del Museo Británico, la torre de Swiss Re en Londres, el puente del Milenio londinense o el Carré d'Art (Nimes).
 
Además, Norman Foster es autor del puente más alto del mundo, a 243 metros sobre el río Tarn (Francia). Entre sus últimos trabajos llaman la atención la torre de la Hearst Corporation en Nueva York, el rascacielos de Caja Madrid y la pirámide destinada al diálogo mundial de las religiones, levantada en la capital de Kazajistán. Su obra se expone en las colecciones permanentes del MOMA de Nueva York y del Georges Pompidou de París.
 

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