La Arquitectura de Norman Foster y, cómo no, la Arquitectura en general y con mayúsculas, están de enhorabuena con el reciente premio Príncipe de Asturias de las Artes. Resulta gratificante que la obra del arquitecto británico haya obtenido dicho galardón en la medida que supone aunar la más sofisticada tecnología sin perder los valores intangibles que la arquitectura siempre ha tenido: espacio y luz aunados en una tensión emocionante. Desde sus inicios en Manchester, diseñó su primera construcción -un pequeño refugio de vidrio construido en una colina junto al estuario del río Fal en 1964- abriéndose al paisaje. Como suele ocurrir a veces, esta pequeña obra podría verse hoy como una síntesis conceptual de su obra para recorrer posteriormente el panorama de la última arquitectura con una carrera fulgurante de una de las firmas más potentes del momento. El propio Foster describe cómo desde joven estuvo interesado en el aeromodelismo, los juegos de construcción y los mecanos, para más tarde incorporar a la arquitectura los lenguajes de la aeronáutica llevada a los límites de la sofisticación en los materiales y detalles en lo que devino en llamarse Arquitectura High-Tech o de alta tecnología.
En 1963, junto a Richard Rogers (autor del parisino Centro Pompidou), su primera mujer Wendy y su hermana, creó el Team 4 cuando aún no estaba colegiado como arquitecto, para más tarde disolver el equipo tras desarrollar las personalidades y los caminos creativos de estos magníficos arquitectos. Posteriormente, funda el Foster Associates aplicando la lógica constructiva de la industria a la arquitectura y utilizando un lenguaje cada vez más depurado, ligero y tecnológico. Foster es un arquitecto que nunca ha descuidado el concepto de estructura en relación al espacio, como puede observarse en gran cantidad de sus bocetos de proyecto. De esta concepción espacial y estructural de las cubiertas (los 'umbrella buildings') nacen una serie de proyectos y concursos, como el premiado aeropuerto de Stanted, en Londres, con una depurada ejecución y un magnífico tratamiento de la luz y la funcionalidad programática del edificio. La fachada entendida como piel ha sido otro de los conceptos que ha manejado en sus edificios, llevándolos a ejemplos de rigor y fuerza. Los espacios de trabajo, con exquisitos cerramientos minimalistas, han sido otro importante campo de trabajo de la firma londinense, materializados en sofisticadas pieles de vidrio o elegantes contenedores abstractos.
Una de las principales aportaciones del arquitecto ha sido la traslación conceptual del templo clásico a la arquitectura contemporánea, mecanizada y tecnológicamente puntera, para conseguir la máxima expresividad estructural, como en el Centro Sainsbury de Artes Visuales, tan radical y contemporáneo como el coetáneo Pompidou de su antiguo socio Richard Rogers con Renzo Piano. En los edificios en altura es donde Foster alcanza los alardes del expresionismo estructural llevado a las esbeltas torres de oficinas, como la que catapultó su carrera para el Shangai Bank, en Hong Kong. El lenguaje del despacho cambiaba el silencio por la locuacidad y los intereses en el cuidado de las pieles por la expresividad del esqueleto estructural de sus edificios, consiguiendo plantas libres y espectaculares vacíos en el interior de los rascacielos.
Los numerosos encargos públicos y privados hacen que Foster demostrase a lo largo de su trayectoria ser un sensible intérprete del pasado, como en la remodelación de la planta superior de la Burlington House, leyendo de manera magistral los estratos de la memoria del histórico edificio, o en Nimes (Francia), consiguiendo una reinterpretación del templo cásico en un espacio público. Foster es un ejemplo de arquitectura para el siglo XXI al combinar la eficacia estructural y energética de los edificios con el diseño de barcos y aviones o gasolineras. Humanista y visionaria, la obra de Sir Norman Foster es un legado para los comienzos del siglo XXI, pues combina la perfección técnica con la utopía social y el impulso medioambiental de nuestro tiempo. Un arquitecto de agudeza analítica, precisa formulación y elevado refinamiento en sus obras. Un arquitecto de su tiempo.