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Fue durante décadas el muro de la vergüenza, no sólo alemana, sino del mundo. Hoy se cumplen 20 años de su derribo. Celebrado, fotografiado, filmado y mil veces recordado lleva a la ciudad que lo soportó, Berlín, convertida en uno de los epicentros de la Europa del siglo XXI, al palmarés de los Premios Príncipe de Asturias. Ayer, el último jurado del año, el que integra el patronato de la Fundación, le otorgó el galardón de la Concordia 2009. Simboliza este premio un aplauso hacia «quienes, con pérdida de su vida y de su libertad, lucharon de forma directa» contra el Muro, a quienes lo superaron y también, añade el acta firmada en Oviedo, hacia «los millones de ciudadanos que, tras su caída, han sido capaces de construir, sobre las cicatrices de la división, una sociedad abierta, acogedora y creativa».
No es, en realidad, este Premio de la Concordia un respaldo a una ciudad, sino a unos ciudadanos. Los berlineses han atado, recuerda el jurado, «un nudo de concordia en el corazón de Alemania y de Europa, que contribuye al entendimiento, la convivencia, la justicia, la paz y la libertad del mundo».
En este término hizo especial hincapié el exjefe de la Casa del Rey y miembro del jurado, Fernando de Almansa, ya que para él el premio reconoce, sobre todo, el «sufrimiento de los berlineses que fueron víctimas de una terrible injusticia, consecuencia de la guerra». En sus palabras este premio, además de reconocer una historia, puede «que contribuya a la caída de otros muros de la vergüenza que permanecen en pie en distintos lugares del mundo».
Llama la atención que la candidatura de Berlín, que finalmente se impuso entre un total de 44, fue propuesta por un grupo de eurodiputados de diverso pensamiento, ideologías y nacionalidades. Entre ellos Martin Schulz, Íñigo Méndez de Vigo y Andrew Duff, o el expresidente del Parlamento Europeo, Enrique Barón. A sus nombres se unieron los de Vinton Cerf, Tzvetan Todorov, Michael Schumacher, Claudio Magris, Jürgen Habermas. Todos Premios Príncipe de Asturias.
A ellos y a toda la Fundación dio ayer las gracias el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, en un comunicado emitido nada más hacerse pública la noticia, en el que calificaba al Premio Príncipe de Asturias como «el premio Nobel del mundo de habla hispana». El galardón, dice el máximo mandatario berlinés, «es un honor extraordinario para Berlín y significa un nuevo reconocimiento internacional para la revolución pacífica de 1989, con la que cambió el mundo tan positivamente».
Y esa es la intención de la Fundación Príncipe de Asturias, cuyo presidente, Matías Rodríguez Inciarte, calificaba ayer de «gran decisión» la adoptada por el jurado. «Es muy oportuno en este vigésimo aniversario reconocer lo que representa la ciudad de Berlín y la superación de esas divisiones». Por su parte, el presidente del Principado de Asturias y del jurado, Vicente Álvarez Areces, destacó el europeísmo del premio y señaló que se ha reconocido una idea de Europa «basada en la convivencia, el progreso y la justicia», por lo que «ha sido una decisión muy acertada».
Berlín quedó dividida tras la II Guerra Mundial. Fue el 13 de agosto de 1961 cuando la República Democrática Alemana inició la construcción de un muro entre los sectores occidental y oriental de la ciudad para evitar así la fuga masiva a la República Federal. Quedaron separados miles de familias. Se estima que unas 75.000 personas fueron arrestadas y, al menos, 138 murieron al intentar cruzarlo. En 1989 empezaron en Leipzig las primeras manifestaciones. El 9 de noviembre, ante la creciente presión ciudadana y la debilidad del régimen, la RDA autorizó los pases libres al lado occidental. Miles de ciudadanos trataron simultáneamente de hacer uso de su nuevo derecho y se agolparon en los pasos fronterizos, hasta que esa misma noche cayó el Muro. Fue como el derribo de una ficha de dominó que acabó arrastrando en su caída a todos los regímenes comunistas de la Europa Oriental.
El galardón, dotado con 50.000 euros, reconoce a personas o instituciones que hayan “contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres, a la lucha contra la injusticia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia o a la defensa de la libertad”.
La candidatura de la capital alemana fue presentada por un grupo de parlamentarios europeos de todas las ideologías, encabezado por el socialdemócrata alemán Martin Schulz y del que forman parte también el español Íñigo Méndez de Vigo, del Partido Popular Europeo (PPE), y el socialista español Enrique Barón Crespo.
Berlín, dividida en cuatro sectores bajo el control de los aliados y de la Unión Soviética, se convirtió en sede permanente del enfrentamiento ideológico entre Este y Oeste.
La revolución pacífica que condujo el 9 de noviembre de 1989 a la caída del Muro y posteriormente a la reunificación de Alemania, interesó desde entonces a millones de personas en todo el mundo y contribuyó al reestablecimiento del equilibrio entre Oriente y Occidente.
El Premio Príncipe de Asturias de la Concordia es en esta edición el último en concederse de los ochos galardones que anualmente y desde 1981 entrega la fundación del mismo nombre presidida por el príncipe Felipe.
Todos los premios se entregarán en una ceremonia que tendrá lugar en octubre en el Teatro Campoamor y que presidirán los príncipes Felipe y Letizia. |