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«Las conferencias son aburridas» PDF Imprimir E-Mail
Kadaré protagonizó un coloquio en Filología con estudiantes y expertos en su obra en el que el autor, distante, criticó que se relacione la literatura con la vida real y la política


Kadaré protagonizó un coloquio en Filología con estudiantes y expertos en su obra en el que el autor, distante, criticó que se relacione la literatura con la vida real y la política

Los cientos de personas que ayer llenaron el auditorio de la Facultad de Filología de la Universidad de Oviedo se encontraron con un profesor estricto: «Es una pregunta típica»; «No entiendo lo que me quiere decir»; «Hay que aclararse previamente sobre los conceptos, antes de hablar». Son algunas de las severas repuestas que ofreció en su charla el escritor albanés Ismaíl Kadaré, que hoy recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2009. Era un coloquio para estudiantes, pero en el patio de butacas se infiltraron 'entendidos' ávidos de demostrar todo su conocimiento sobre la obra del escritor. Algunos exhibieron sus habilidades con los idiomas preguntando en francés, y hasta pusieron en un compromiso a las traductoras con frases y reflexiones en albanés.

«He leído todos sus libros que se han traducido al español y creo que desde el año 2000 ha cambiado su forma de escribir, parece una época posmoderna», razonó uno de los asistentes. Un encasillamiento que nada gustó al autor: «La última cosa que me interesa en el mundo es ese calificativo de posmoderno, 'pospesimista' o 'posoptimista'. Creo que para los escritores la literatura es literatura», dijo Kadaré, «porque desde su nacimiento, la literatura ha sido moderna. Los cambios en la forma de escribir de cualquier escritor no vienen de modas, sino de factores ocultos, como por ejemplo la edad». De hecho, negó la relación entre lo que se escribe y lo que se vive. «Desgraciadamente, hay un cliché que relaciona idílicamente la literatura y la vida. La literatura es un mundo paralelo, independiente de los regímenes políticos y también de la vida. Permítame que dude de que gracias a mis libros comprendió lo que es Albania», le contestó a una mujer. Para Kadaré sus libros son sólo libros.

Este rifirrafe, que acaparó gran parte del acto, dejó indiferentes a los otros asistentes, los estudiantes que suspendieron sus clases para descubrir el trabajo de Kadaré. En cambio, poco aprendieron: «No he leído al escritor y vine para conocer su obra, pero, la verdad, no me ha quedado nada claro. Creo que hubiese sido mejor que expusiera su trabajo y no tanta pregunta que no entendíamos muy bien. Además, estuvo un poco distante», reprochó Beatriz Díez, una veinteañera estudiante de tercer curso de Filología Hispánica.

Fue el propio Kadaré quien eligió el formato pregunta-respuesta. Llegó puntual, con semblante serio, casi sobriedad eclesiástica, y arrancó su intervención ante el atestado palco reconociendo que «las conferencias son muy aburridas». Quizás, si pudiera retroceder hubiera escogido otra opción, ante la insistencia de algunos de los presentes sobre su papel como mensajero de Albania. «Estamos acostumbrados a leer que la literatura ayuda a los pueblos a entenderse mejor. Pienso que la literatura es un muro bien transparente o bien opaco. Un escritor puede escribir sobre lo que ha visto, pero creo que es absurdo».

Con todo, rompió su hermetismo en algún momento de la sesión, que duró más de una hora. Contaba once años cuando escribió su primer libro. No era una creación propia, sino el mismísimo 'Macbeth', de William Shakepeare. «Lo encontré en casa de mi tío. Yo no podía comprarlo en una librería, así que decidí copiarlo. Obviamente, había cosas que no entendía», narró.

Embelesados le observaban cinco alumnos de segundo de Bachillerato del colegio Palacio de Granda. A sus 18 años, Samuel Fernández se atrevió a lanzar una pregunta. «Dice que la literatura está hecha para todo el planeta, ¿puede aclarar cómo convive con valores como el analfabetismo o la censura?». «Yo habló de la literatura como valor», se limitó a contestar.
 

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