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Sir David Attenborough recorrió el Jardín Botánico de Gijón y contó sus experiencias en un multitudinario coloquio celebrado en Laboral Ciudad de la Cultura


David Attenborough planta un limonero en el Jardín Botánico de Gijón / PALOMA UCHA
Sir David Attenborough recorrió el Jardín Botánico de Gijón y contó sus experiencias en un multitudinario coloquio celebrado en Laboral Ciudad de la Cultura


El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, Sir David Attenborought, no se anda por las ramas a la hora de explicar el delicado momento que vive el planeta tierra. «Si no actuamos con rapidez lo perderemos todo», dijo en un multitudinario coloquio celebrado ayer en Gijón. Por ese motivo, Attenborought pidió que las naciones se unan en este difícil momento porque «un pequeño grado de acuerdo ya sería un gran logro para evitar que nuestro mundo se destruya».

La jornada gijonesa del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales comenzó a las cuatro y media de la tarde. A esa hora llegó a las instalaciones del Jardín Botánico Atlántico en donde fue recibido por la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, el consejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras del Principado, Francisco González Buendía y la concejala de Medio Ambiente, Dulce Gallego. Acompañado por su hija Susan, el gran divulgador del mundo natural recorrió el botánico gijonés, plantó un limonero y firmó en el libro de visitas. «Es un placer estar aquí, en este jardín botánico atlántico», escribió.

En los locales del Art Café del Centro de Arte Laboral Ciudad de la Cultura y ante cerca de quinientas personas, el naturalista británico no pronunció la conferencia académica que se esperaba y que se había anunciado con el título 'Diálogo sobre la biodiversidad en tiempo de cambios'. A cambio, celebró un entretenido coloquio coordinado por el naturalista Joaquín Araujo. Habló durante una hora de varios asuntos, desde el peligro que corre el planeta a causa de la contaminación por las emisiones de dióxido de carbono, hasta de las anécdotas y de su forma de trabajar durante 50 años como divulgador científico a través de los documentales televisivos de la BBC.

«La única esperanza»

El hombre que habla bajito a la cámara mientras a sus espaldas copula una pareja de tortugas, alzó ayer la voz en Gijón para alertar sobre los peligros del calentamiento global y la necesidad de frenar las emisiones de dióxido de carbono. Attenborought señaló que «dependemos del mundo natural y a menos que nos movamos de forma activa vamos a perder partes significativas del planeta. Si queremos sobrevivirnos a nosotros mismos debemos defender el mundo natural y si lo comprendemos podremos defenderlo mejor. Esa es la única esperanza que nos queda».

A sus 83 años, el viajero y aventurero británico todavía tiene mucho que decir sobre el asunto que más le preocupa. Ahora ha puesto todas sus esperanzas en Copenhague, tras el fracaso de Kioto. «Tenemos que pedirles a nuestros políticos que actúen. Si lo hacen y todas las naciones del mundo consigue algún grado de acuerdo, aunque sea pequeño, eso ya sería un gran logro. El mundo no se podrá salvar en un día, pero estamos progresando y es importante dar pasos, aunque sean pequeños».

El ave del paraíso

Attenborough, indisolublemente asociado con el descubrimiento de las maravillas de la naturaleza a través de sus documentales, habló de su trabajo. Aseguró que «lo más importante es que no te coloques entre el animal y la cámara, porque las estrellas son los animales. Gesticulando mucho con las manos, como hace en sus documentales, narró el mejor momento profesional de su vida de esta forma: «Caminamos durante semanas por zonas muy difíciles de las montañas de Guinea en busca de una especie de ave del paraíso que realizaba una danza en el suelo y que nunca había sido filmada. En un desfiladero detectamos que allí se podía producir el baile y colocamos nuestros equipos a los dos lados de la montaña. Yo estaba arriba con el cámara y vimos cómo llegó el ave y realizó allí el baile. Lo filmamos y al bajar, el técnico de sonido me dijo que ya sabía que había salido bien porque yo tenía un micrófono colocado en mi pecho y él oyó que mi corazón se disparaba. Tratamos de que a la gente le ocurra eso con nuestros documentales».
 

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