|
José Narro reclama que no «se le escamoteen recursos» al conocimiento |
|
|
|
El rector de la Universidad Autónoma de México evocó el pasado y remarcó su compromiso con el porvenir. Dio las gracias al «exilio español»
ALBERTO PIQUERO
 Las palabras más repetidas estos días por el rector de la UNAM, institución acreedora del Premio de Comunicación y Humanidades, José Narro, han sido las del orgullo por el galardón recibido y el agradecimiento. Con ellas comenzó su discurso, para recordar a continuación «los cuatro siglos y medio» de una Universidad que «ha sido enclave de cultura y de saber, de defensa de las libertades y de la justicia, además de formar parte de la conciencia nacional».
En nombre de todos cuantos han formado parte de la Universidad Nacional Autónoma de México a lo largo del siglo XX, quiso expresar el mérito que a ellos les corresponde.
Especial referencia dedicó al embajador de España en México, «quien presentó la candidatura y manifestó siempre su convicción de que la Universidad merecía este premio. Gracias a todos los que creyeron que cumplía con los requisitos esenciales: poseer la máxima ejemplaridad y haber logrado una obra de trascendencia internacional». Y tampoco olvidó que entre quienes han formado parte significativa de la UNAM en la última centuria estuvieron «aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años».
Tan atento a lo vivido como al porvenir, señaló que la distinción «es una gran motivación para reafirmar nuestro compromiso con la educación y las causas de la sociedad», pues si el conocimiento ha sido siempre una fuerza motriz del ser humano, «ahora es fundamental». Argumento para insistir en la necesidad de que sea una prioridad social y que no se le «escamoteen los recursos para su generación y transmisión».
De modo expreso: «Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila, a la medianía en el desarrollo» |