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Foster: «El reto es construir viviendas a un precio que se puedan permitir los ciudadanos» PDF Imprimir E-Mail
«Tenemos que perseguir una arquitectura que trabaje con la naturaleza», asegura el galardonado de las Artes

M. F. ANTUÑA | OVIEDO

Tiene tan claro cuál es el futuro de una arquitectura que para él ya es presente. Y es que ya está aquí el futuro de un arte «colaborativo » que él domina como pocos y que le ha convertido en Premio
Príncipe de Asturias de las Artes. «Tenemos que perseguir una arquitectura que trabaje con la naturaleza », dijo ayer en Oviedo Norman Foster, antes de explicar largo y tendido que los espacios en los que vivimos, trabajamos o disfrutamos deben ahorrar energía, ser autosuficientes, adaptarse a los cambios que el planeta asume cada día que pasa. Él trabaja ya en Abu Dhabi en el proyecto Madar, la primera ciudad sin emisiones de carbono del mundo, «un desafío muy importante».

El futuro ya está aquí y sostiene Foster que las ciudades del mañana probablemente tengan que seguir el modelo europeo de poblaciones «compactas», del que Oviedo, dijo, podría ser un buen ejemplo. Y es que, en buena medida, el mundo camina hacia un nuevo orden arquitectónico que responda las demandas vigentes: «Creo que veremos una transición hacia edificios con menor gasto de energía y que incluso recogerán energía». La clave está ahí. Recién llegado de Nueva York, explicaba ayer cómo es posible construir una torre en el que entre el 60 y el 70% del año no se necesite ni calentar ni enfriar el aire. «Estas tendencias son las que se están desarrollando».

Para los días por venir no sólose trata de construir edificios más ecológicos, sino que también las infraestructuras deben ir parejas a ellos. Deben estar bien comunicadas y, de nuevo dijo, deben ser compactas. Viajó con sus palabras rumbo a Nueva York para explicar que el consumo energético es siempre menor en ciudades de ese porte que en núcleos poblaciones más dispersos. «Las ciudades grandes y con buena calidad de vida consumen menos energía que las que están muy diseminadas», concluyó. Economía de medios. Esa es la cuestión que más preocupa al arquitecto británico que ostenta el título de lord y que se presentó en Oviedo impecablemente vestido. «Yo diría que los desafíos siempre tienen que estar relacionados con trabajar de la forma más económica posible», afirmó Foster, quien más adelante hizo todo un alegato en favor de la construcción de viviendas más baratas.

Quien ha sido capaz de deslumbrar al mundo con puentes infinitos, rascacielos de formas caprichosas, torres de comunicaciones, aeropuertos y estaciones, dice que a la arquitectura aún le queda un importante desafío pendiente: «Creo que el verdadero reto al que nos enfrentamos es cómo gestionar las viviendas a gran escala a un precio que se puedan permitir los ciudadanos. Nadie todavía ha abordado esta cuestión de forma global». Toda una declaración de principios
para un arquitecto que no se considera estrella y que insiste una y mil veces que la arquitectura es colaboración por encima de todo, algo de lo que sabe mucho quien gestiona oficinas en Nueva, York, Londres o Pekín y trabaja con personal que habla 42 idiomas. «El elemento básico de nuestro trabajo está en la colaboración con los expertos locales, en atraer la juventud y el talento», dijo en referencia a una tarea que arrancó en 1967 con un estudio que entonces sólo funcionaba en Londres. Ahora la urbe británica supone un 5% de sus proyectos, que se distribuyen por Asia, América, Europa y Oriente Medio. Y siempre, destacó Norman Foster, con la juventud como aliada. «Cuando empezamos la edad media era de 32 años y ahora lo sigue siendo», detalló.

Pusieron los periodistas a Foster en el brete de elegir hijo y dio un no por respuesta, pero acudiendo al Berlín con el que comparte Premio Príncipe de Asturias no pudo evitar darle un significado especial al proyecto de reforma del Reichtag, que incluyó la creación de su famosa cúpula de acero y cristal. «Es poco común, porque es un símbolo de una ciudad, porque supuso reunir a un país que estaba separado», señaló. Y añadió también el hecho de que sea un edificio sostenible y que haya establecido nuevas relaciones entre la política y lo público.

Esas son las virtudes del Reichtag, un edificio único en una ciudad única en materia arquitectónica, como lo es también la Barcelona pre y post olímpica, a la que Foster aportó su granito de arena con la torre de Collserola y ahora está pendiente el proyecto de reforma del Nou Camp. «Es un modelo único y por eso siempre se menciona como ejemplo de regeneración inteligente».
 

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