Ver y dejarse ver, hablar y que hablen de ti. La mañana en el Hotel de la Reconquista es un rito en sí misma
AZAHARA VILLACORTA
Ver y dejarse ver, hablar y que hablen de ti. Esa es la consigna implícita, año sí y año también, en el hall del Reconquista durante la mañana de los Premios.
Hay quien se declara seguidor confeso del ritual, como el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que ayer lo dejó bien claro, por si a alguien le quedaba alguna duda: «No hay quien me eche de aquí. Llevo viniendo desde el 93 y pienso seguir haciéndolo hasta que me muera».
Y hay quien se incorpora con brío a la ceremonia del vistazo que precede a la de verdad, por la tarde en el Campoamor. Es el caso del pintor moscón Hugo Fontela, quizá el mejor relaciones públicas que se recuerda sobre la alfombra, que contaba a diestro y siniestro que acaba de exponer en Barcelona y que ahora se marcha con el petate de lienzos a Chicago.
«Don Ovidio, ¿cómo está?», recibía, con un abrazo exclamativo, el artista al líder de los populares asturianos, al que conoció
hace unos días en Nueva York tras una reunión de la NATO, «porque en Nueva York se llama NATO en vez de OTAN», precisaba «don Ovidio».
–¿Qué tal, Hugo? ¿Cómo estás tú? ¿Vendrás esta noche a cenar con nosotros a Del Arco?
–Esta noche no va a poder ser. Tengo una invitación previa del marqués de San Feliz, pero me lo paso genial con vosotros.
Ese es el cariz habitual de las conversaciones, a medio camino entre la banalidad, el halago y el escapismo de los asuntos prioritarios que marcan el millar de periodistas acreditados.
Porque, como en ediciones anteriores lo fueron la sucesión al ttrono español y el papel de las infantas Leonor y Sofía, las preguntas estrella de este año fueron dos: el relevo de Graciano García al frente de la Fundación Príncipe y los escándalos del PP. Así, como un bloque temático.
Revilla, de los que contesta a todo sin irse por los cerros de Santoña, volvió a presumir de soltura a propósito del caso Gürtel: «No vale con que Mariano Rajoy temple gaitas. Tienen que rodar cabezas ya. Para bien de la democracia y de los políticos honrados que se levantan a las siete de la mañana, viven en un piso de cien metros cuadrados y hacen su trabajo por vocación».
Mientras, a su lado, «don Ovidio» era pescado a mosca a propósito de los líos de Francisco Álvarez Cascos y el salmón. «No tengo ni idea. Yo no soy pescador», se fajaba el líder de los populares asturianos, que prefería ultimar los preparativos de la cena en Del Arco que hablar de la caña y las lombrices del ex vicepresidente. Nada que ver con el senador Isidro Fernández Rozada, que también contesta, pero con conocimiento de causa, porque Rozada es la sal y la pértiga del PP de Asturias como Yelena Isinbayeva lo es a la última edición de la era Graciano de estos premios. No entiende Isidro cómo se le puede tirar a la basura el archivo de ningún ex, por muy Cascos que sea. «Porque a cualquier persona que haya estado en la vida pública se le debe respetar durante el tiempo que ya no está».
Pero es que también habló de su favorito en la quiniela de la sucesión. En la Fundación. No en el partido. «Sin dar nombres, porque no quiero dar nombres, diré que es alguien muy vinculado a la Universidad», decía, misterioso. Y a eso era a lo que
se refería el ex rector Juan Vázquez, cuando, desde un rincón, reflexionaba: «No hay peor cosa para estas cosas que todo el mundo hable de ti». El único que se esforzaba ayer en el difícil arte de la invisibilidad. |