«Me siento muy honrado al recibir el Premio, especialmente significativo», dice el escultor al recibir la noticia desde Oviedo
ANNA GRAU | NUEVA YORK
Con 20 años, Richard Serra miraría en el Prado 'Las Meninas' como quien mira al sol, quedándose maravillosamente ciego para todo lo que no fuera la escultura radical. La ambición de ser y estar en el espacio, el hambre de contexto. Su arte es aclamado en el mundo.
-El Príncipe de Asturias viene a celebrar su relación con España, que es larga y compleja...
-Sí, se remonta al año 1982 con el proyecto 'Correspondencias' (se salta un proyecto previo frustrado de ese mismo año, una maqueta para la plaza de Callao que el alcalde Tierno Galván primero derivó a Atocha y al final se quedó todo en el cajón). 'Correspondencias' fue una exposición de cinco arquitectos y cinco escultores en el Palacio de las Alhajas de Madrid, estábamos Eduardo Chillida, Frank Gehry... Después, la instalación en la plaza de la Palmera de Barcelona...Varias exposiciones en el Reina Sofía, pero sobre todo las del Guggenheim de Bilbao... Yo creo que 'La Materia del Tiempo' (instalación permanente inaugurada en el Guggenheim el 6 de junio de 2005) es lo mejor que he hecho nunca.
-¿En España se le aprecia más que en otros países?
-No es eso. En Francia siempre me he sentido muy reconocido, además ahí es donde estudié en mi juventud... Y en Alemania... Pero sí, mi mejor arte lo he hecho en España.
-A lo mejor es que hubo complicidad en un momento clave, cuando España se abría al arte y al mundo exterior, y usted ofrecía esa universalidad con un lenguaje que resulta curiosamente familiar. Fuerte y próximo.
-Sí, es verdad que yo tuve la suerte de llegar a España al final del franquismo, cuando se vive una inmensa apertura. Fue fantástico participar de una atmósfera tan vibrante, de toda esa exuberancia...
-Y, encima, 'Las Meninas'. ¿Cuándo las vio por última vez?
-Hace dos o tres años estuve en el Prado, cuando se planteó la posibilidad de hacer una instalación para el nuevo atrio. Entonces las volví a ver.
-¿Y qué?
-Bueno, es sabido que ese cuadro tuvo una inmensa importancia para mí, fue muy formativo. Y lo sigue siendo. Con un genio de esa magnitud tú siempre crees que lo has entendido y siempre, cuando lo vuelves a ver, tienes que repensarlo. Esa maestría en el dominio del contexto para mí lo cambió todo. Lo sigue cambiando cada vez.
-¿Y esa colaboración pendiente con el Prado?
-Veo difícil que se concrete con el actual clima económico. Quizás en un futuro...
-Es usted tan diplomático que, por ejemplo, prácticamente no ha abierto la boca para comentar la sorprendente desaparición de su pieza 'Equal-Parallel/Guernica-Bengasi' del sitio donde el Reina Sofía lo había dejado en custodia. Dijo usted una vez que no entendía cómo puede desaparecer algo que pesa 38 toneladas y no ha vuelto a decir nada. Repitió la obra al pie de la letra, gratis además, y chitón. Tendrá sentimientos al respecto. ¿Por qué los oculta?
-Estoy muy contento de haber podido volver a dejar la obra tal y como estaba y como tenía que estar, de haber podido rehacer la pieza para el mismo espacio. Por la naturaleza de la obra, se podía hacer, y no hay cuestiones sobre su autenticidad. Estoy contento de que la obra exista.
-¿Fue esto peor que cuando en 1989 se desmanteló una obra suya, 'Titled Arc', de una plaza de Nueva York? Usted se negó a trasladarla, y aquello fue su fin.
-Aquello fue muy distinto de lo del Reina Sofía, precisamente por lo que le decía: por el contexto. Mi obra se define por el contexto, por lo que la rodea, por el lugar donde está. Por eso no permití que se trasladara. Y por eso estoy satisfecho de que la del Reina Sofía esté donde está.
-¿Se pasa usted el día luchando por encontrar sitio para sus grandes obras, por conseguir espacios donde puedan respirar?
-Mi obra no tiene tanto que ver con esculpir como con el contexto, con interactuar con el espacio y el tiempo. En eso se diferencia de otras esculturas y de la arquitectura, en su capacidad de llenarse de contexto, de conseguir respuestas y experiencias originales. En el Guggenheim de Bilbao conseguí una respuesta maravillosa, abrumadora.
-¿Qué supone para usted el Premio Príncipe de Asturias de las Artes?
-Me siento muy honrado al recibir el Premio Príncipe de Asturias, un premio que es, además, particularmente significativo para mí, pues viene de España donde se me han brindado muchas oportunidades para realizar mi trabajo desde hace ya más de tres décadas.
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