El «acercamiento a millones de personas de un capítulo esencial en la historia de las civilizaciones

PACHÉ MERAYO
| La extraordinaria historia de la octava maravilla del mundo |
Hace 36 años unos campesinos descubrieron por casualidad el yacimiento de los guerreros de terracota, que en su mayor parte permanece aún sin desenterrar en las inmediaciones de Xian. Era el ejército del Primer Emperador (Qinshihuang), que fue el responsable de la creación de China. El hallazgo arroja luz sobre su complejo funerario, que ya está considerado una de las grandes maravillas de la historia. La octava del mundo.
Se cree que está compuesto por, al menos, 8.000 soldados, entre los que se encuentran los últimos 114 guerreros pintados en vivos colores que fueron localizados y desenterrados recientemente en las afueras de la antigua capital imperial por el equipo arqueólogo ahora premiado.
En el tiempo que lleva trabajando el grupo investigador se han rescatado más de diez mil reliquias culturales diversas. «El descubrimiento es un testimonio importante tanto de la civilización china como de la humana», recordaba ayer Zaho Rong, director general de la Oficina de Reliquias Culturales de Shaanxi, quien se felicitaba por el Príncipe de Asturias y recordaba que en 1987, el mausoleo de Qinshihuang y las fosas de guerreros y caballos de terracota fueron declarados Patrimonio Cultural Mundial. Visitarlos se ha convertido en el hecho imprescindible para personas de todo el mundo durante su estancia en China. |
«Ahora en China va a despertarse un interés por España y en el mundo se va a observar a nuestro país desde otra perspectiva diferente, desde su cultura». Así traduce Feng-Junwei, cronista de la agencia de noticias Xihuan, el Premio Príncipe de Asturias al equipo arqueológico de los Guerreros y Caballos de Terracota del Mausoleo de Qin Shihuang. La periodista, ayer encargada de hacer volar la «importantísima» noticia del galardón a los medios de comunicación de su país, es «una de las pocas» asiáticas, como ella misma reconoce, que está al tanto del trabajo de la Fundación Príncipe y que conoce bien la realidad europea. Pero está convencida de que la situación va a cambiar porque esta entrada por la puerta grande de China en el palmarés de los premios asturianos se comportará como una nueva ventana abierta a su milenaria historia. Como los miembros del jurado, presidido por Manuel Fraga, que consolidaron por mayoría el fallo a los investigadores del pasado, está convencida de que el refuerzo de las relaciones con el lejano Oriente será un hecho. Apoyaba esta nueva realidad desde Oviedo otra periodista, Leslie Crawford, delegada del 'Financial Times' en España, segura igualmente de que la concesión del Premio Príncipe permitirá «potenciar las relaciones culturales con China, no sólo de España, sino de toda Europa».
Incluso los Príncipes de Asturias hacían notar este hecho en el telegrama de felicitación: «Se ha reconocido un trabajo que da a conocer al mundo la importancia cultural de China y su civilización milenaria, su organización social y su esplendor artístico». Algo que es «esencial», expresa la experta en arte de Asia, Oceanía y África en el Museo de Bellas Artes de Boston, Jane Portal, en un momento en el que «China ocupa su lugar como país puntero en el mundo, tanto política como económicamente».
Pero no sólo se trata de conocimiento de culturas e historia. También de «estrechar lazos de amistad». Así lo afirmaba Carlos Blasco Villa, embajador de España en China y propulsor de la candidatura premiada, tremendamente orgulloso de que se tenga ahora en cuenta el acercamiento «entre dos culturas muy antiguas que han conocido en distintos periodos de su historia un gran número de coincidencias».
Desde Barcelona, el director de la Casa de Asia, Jesús Sanz, también feliz por la decisión del jurado, ya que su institución apoyó desde el comienzo la apuesta del embajador, destacaba el «valor simbólico» del galardón, que «no sólo ayudará a entender la magnitud y el enorme valor histórico» del conjunto arqueológico que está considerado la octava maravilla del mundo, sino que, «al concentrar en sus significados el concepto mismo del tiempo, nos permite observar pasado, presente y futuro de una manera distinta».
Y es que el ejército de terracota, o los guerreros de Xian como se les conoce en todo el mundo desde su descubrimiento en 1974, se remontan a 2.300 años atrás, pero hoy se estudia utilizando las mejores tecnologías del siglo XXI. De hecho, en su argumentación, el jurado asegura que la investigación no sólo permite el acercamiento «de millones de personas a un capítulo fundamental de la historia de las civilizaciones», sino que gracias a que se trata de un proyecto vivo, «deja abierto un camino extraordinariamente fecundo para múltiples campos del saber».
El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales se comporta, por tanto, como un intento de bucear en la China milenaria y también en la contemporánea «que lucha por la recuperación de su historia», como advierte Jesús Sanz. Un intento que nunca antes se había producido, ya que ésta es la primera vez que uno de los galardones de la Fundación viajará a ese país, en sus 30 años de historia. Lo hace ahora coincidiendo con la voluntad de lograr la universalización total de los galardones, iniciada bajo la presidencia de José Ramón Álvarez Rendueles.
Cabe señalar que Asia sí está presente en el club de los premiados, a través del japonés Sumio Iijima, uno de los cinco científicos que recibieron en 2008 el Premio de Investigación Científica y Técnica por su trabajo en el campo de la nanotecnología. También fue especialmente importante la presencia el año pasado en el escenario del Teatro Campoamor de la doctora china Margaret Chan, que recogía el Premio para la Organización Mundial de la Salud. Ella ha sido la única representante de su país en la ya veterana ceremonia de Oviedo.
En realidad, este premio a quienes custodian el que está considerado uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología del siglo XX, está abrazado por varias primeras ocasiones. No sólo es el primer premio chino en la Fundación, sino también, como se encargaba de recordar ayer la directora del equipo destacado, Xu Weihong, es la primera vez que estas excavaciones obtienen un reconocimiento fuera de las fronteras de China, desde que hace 36 años unos campesinos descubrieran por casualidad el yacimiento, que en su mayor parte permanece aún sin desenterrar.
Y, como no hay dos sin tres, también se estrenan los estudiosos chinos en obtener un galardón «en el ámbito de la arqueología».
Sólo comparable al descubrimiento de la Tumba del Faraón Tutankamon en Egipto, y reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, los guerreros de Xian que hace tan sólo unos días sumaban 114 miembros, con el último hallazgo, pudieran ser para sus estudiosos «una oportunidad para la cooperación con expertos arqueólogos extranjeros, para tener más capacidad de intercambio de tecnología y conocimientos». Así lo advertía su jefa, tras confesar que el saberse ganadores del Príncipe de Asturias les «asustó en poco», pero les llenó de «felicidad y orgullo». Un orgullo que les traerá a Oviedo el próximo otoño porque recogerán el premio «seguro». |