Cristiano libanés e hijo de francesa, fue niño en El Cairo, joven en París y hoy vive en la Bretaña. El flamante Premio Príncipe de las Letras sabe que vivir es coleccionar identidades, por eso su obra, como él mismo, fluye entre Oriente y Occidente
Toda obra literaria dibuja el mapa de un territorio, que se va haciendo cada vez más preciso, más claro no sólo para sus lectores sino también para su propio autor. Algo hay en la escritura de ficción que emula la creación del mundo, algo que no tiene que ver necesariamente con el simulacro. El autor verdadero, aquél que confiere al espacio y al tiempo un aliento distinto, inventa siempre el mundo real. Puede hacerlo a través de la ficción pura, de la memoria desenfocada, de la descripción del instante o de la mentira interesada: al final, tras sus palabras que titubean en busca de armonía hay sombras de sentido verdaderas.
Reunido en Oviedo el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010, integrado por D. Andrés Amorós Guardiola, D. Luis María Anson Oliart, D. J. J. Armas Marcelo, D.ª Blanca Berasátegui Garaizábal, D.ª Carmen Caffarel Serra, D. Pedro Casals Aldama, D. Antonio Colinas Lobato, D.ª Milagros del Corral Beltrán, D. Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, D. José Luis García Martín, D.ª Pilar García Mouton, D.ª Olvido García Valdés, D. Manuel Llorente Manchado, D.ª Rosa Navarro Durán
BIOGRAFIA DEL GALARDONADO Amin Maalouf nació en Beirut, en 1949, en el seno de una familia de origen cristiano. Estudió Economía Política y Sociología en la Universidad Francesa de Beirut y ejerció el periodismo en el diario An-Nahar.
2009.- Ismail Kadaré
Considerado uno de los grandes autores de la literatura universal, nació en Gjirokastra (Albania) en 1936.
2008.- Margaret Atwood Considerada una de las más destacadas novelistas y poetas del panorama actual, Margaret Atwood nació 1939 en Ottawa (Ontario, Canadá).
Esta nota es la historia de varios encuentros y el primero de ellos es con una novela que, por razones tan inexplicables como injustificables, había comprado y perdido antes de leer. Pero una mañana en el aeropuerto de Asturias encontré una edición de bolsillo de ‘León, el Africano’
Traté a Amin Maalouf en un par de ocasiones. La primera, con ocasión de la Feria del Libro de Montpelier, donde compartimos y departimos durante una cena. La segunda, en Barcelona, de forma más casual. Quiere decirse que no podría decir que somos grandes amigos y, sin embargo, es tal el calor que desprende su personalidad que en el recuerdo permanece como algo íntimo y, sobre todo, afectuoso.
Si hubiera que buscar una palabra clave para definir la escritura de Amin Maalouf yo no dudaría en elegir la de identidad, por su capacidad para convocar una de las grandes cuestiones subyacentes en toda práctica literaria que, en nuestros días, se precie de serlo.