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«Tenemos que ver el mundo como es para reinventarlo. Y eso sólo puede lograrse a través de la cultur PDF Imprimir E-Mail

Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, se siente «honrado por el galardón» y dice que España le ha servido «de inspiración»

ALEJANDRO CARANTOÑA

El escritor libanés Amin Maalouf recibió ayer la noticia de que había ganado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por toda una carrera entregada a la literatura, una literatura arraigada en su mundo, pero también en el nuestro. El escritor coge el teléfono en su casa de París con la voz algo afectada por la emoción de un Príncipe de Asturias aún fresco, pero tocada de un elegante acento francés de tintes arábigos. Sus palabras, pausadas y profundas, echan un vistazo sobre el universo que le rodea.

-Ante todo, felicidades por el Premio, ¿cómo ha recibido la noticia?
-Para mí es un momento de enorme alegría; me siento muy honrado. Se trata de un galardón prestigioso, que además me acerca a un país muy importante para mí desde el principio de mi carrera literaria. España siempre me ha servido de inspiración para mis personajes, y la he visitado en varias ocasiones.

-El jurado ha dicho de su obra que constituye un «mosaico de lenguas, culturas y religiones». ¿Qué opina de esta valoración?¿Es acertada?
-En primer lugar, esas palabras me emocionan; en segundo lugar, estoy totalmente de acuerdo. Vivimos en un mundo muy diverso, un mundo que es, enteramente, un mosaico. Ese término en concreto es muy pertinente, ya que lo importante no son tanto las piezas que lo componen ni su posición como la manera en que conviven. Todos estamos obligados a habitar este mundo con otras personas, y por eso es esencial encontrar el equilibrio entre la suerte de cada cual y arreglar nuestros problemas: vivimos tiempos difíciles en ese nivel...

-Usted tiende a transmitir una visión del mundo global, una concepción que deja de lado las fronteras puramente políticas; no obstante, suele utilizar metáforas que tienen que ver con el desierto, con oasis, con un paisaje muy particular. ¿Es el prisma a través del cual mira a su alrededor?
-Ahora mismo, lo que estoy es intranquilo. Intranquilo cuando miro a ese mundo árabe al que se refiere: está atravesando su momento más sombrío, en especial en lo tocante a las personas. Cada vez que miro al Líbano, que es mi tierra, dudo mucho que la gente que vive allí, que los libaneses, quieran vivir así.

-¿Cómo es, entonces, ese paisaje ahora mismo?
-El paisaje del mundo árabe es triste. Lo que veo es gente que sueña con otro mundo.

-No obstante, la perspectiva desde Francia, donde usted reside, será muy diferente...
-Sí, lo es: vivo en un país desarrollado, libre y soy un apasionado absoluto de Europa: sin embargo, Francia es un país en el que está creciendo el malestar, en el que surgen tensiones y desencuentros constantemente y, cada vez, más acentuadas. En el ámbito europeo, la perspectiva es similar: se percibe una dejadez preocupante ante las elecciones, por ejemplo.

-¿Qué solución propone?
-Creo que la observación del mundo debe ser serena. Tenemos que verlo tal cual es y, una vez hecho eso, reinventarlo. Y eso es algo que sólo puede lograrse a través de la cultura, del arte y de las letras.

-Esa idea se refleja en su obra, está imbuida por ella, pero ¿en qué medida considera que su propia producción tiene una influencia en ese sentido? ¿Piensa que sus libros están cambiando el mundo de alguna manera?
-Creo que hay que ser muy modesto en ese aspecto, yo no quiero pensar que mis libros estén cambiando nada. No puedo evitar estar triste porque veo que el mundo avanza en un sentido que no es el que yo esperaba y que las cosas no funcionan como yo querría, pero no puedo hacer más que escribir, leer y escuchar y, luego, esperar que me lean y me escuchen a mí.

-¿No le resulta paradójico que entreguen este galardón a un árabe que escribe novela histórica, justamente, en la tierra que empezó la Reconquista?
-(Ríe) No, para nada. Soy un enamorado de la Historia, y soy de la opinión de que no se pueden observar hechos pretéritos desde las preocupaciones y consideraciones del presente. Cada vez que visito una mezquita cordobesa, o que contemplo la catedral en Santiago de Compostela lo que siento es una gran admiración; y al mismo tiempo soy consciente de que son edifcios construidos en momentos determinados y por razones concretas. Lo que me fascina es que sean construcciones realizadas por los hombres, y para los hombres.

-Ni siquiera su editorial sabe en qué está trabajando ahora mismo: ¿puede adelantarnos algo?
-Nunca digo nada de mis libros a nadie hasta que los tengo terminados. Sí puedo decir, sin embargo, que es una novela y que tengo previsto acabarla a finales de este año. Hasta entonces, estaré trabajando en ella: sólo interrumpiré el proceso en octubre para ir a Oviedo a recoger el galardón; después, la terminaré.
 

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