Innova Digital Nag traducciones Lopez Galilea Josechu Santana Castillo de san cucao Indira Eventos El Atrio Autosa Oviedo BMW Alfercam Gijón - Asturias con sal

Encuestas

¿Cuál de los premios le parece más merecido?
 
Inicio arrow Com. y Humanidades arrow 2008 :: Google
El hispano finés italo galés PDF Imprimir E-Mail

Por Ignacio del Valle

No hay nada que salvar si te pierdes a ti mismo. Ese podría ser el logo de Amin Maalouf. De su mirada. De sus libros. Ataques de indignación como antídoto ante la corrección política del mundo. La lucha contra los estereotipos, los prejuicios, las verdades preestablecidas. Un estudio de los actos necesarios para la supervivencia o autoafirmación de las tribus. La necesidad de una colaboración del otro sin la cual sólo tenemos control y adoctrinamiento. La solidaridad y la educación contra el miedo y el rencor. La defensa de la dignidad de la literatura y el ensayo cuya meta no es defender lo que ya se sabe, sino indagar cómo y hasta dónde es posible pensar de otro modo. Ya sea a través de los ojos del viajero Hassan al-Wazzan, del poeta y astrónomo Oman Jayyám, del profeta Mani, de un resistente francés; con ensayos sobre los desajustes del mundo o identidades potencialmente letales, e incluso libretos de ópera con música de compositoras finlandesas, Amin Maalouf nos habla de tender puentes entre los diferentes niveles de realidades, de que es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar el mundo, de que, como decía Platón, hay que ser comprensivo con cada persona que encuentres en tu camino porque está librando una dura batalla.

Los libros de Amin Maalouf no son difíciles de leer, porque no está pendiente de hiperónimos o epónimos, no busca vocativos ni conjunciones ni reseñar los complementos de las oraciones, se limita a profundizar sus raíces en la condición humana para indicar a las ramas más elevadas a que altura deben flotar. Y cuenta el proceso de la mejor manera posible, sin ringorrangos ni arengas de Agincourt. Al cabo, nos dice que dentro de cada uno de nosotros hay un tunecino, un boliviano, un argentino, un kazajo, un neozelandés, un coreano, y que sólo hay que abrirle una puerta, pero que debemos ser nosotros, individualmente, quienes les demos paso franco. No hemos de esperar a que el esfuerzo lo comience el vecino, no hay que escabullirse, es nuestro deber, nuestro primer paso. Y como escribía Beckett en Esperando a Godot: No perdamos el tiempo en vanos discursos. Hagamos algo ahora que se nos presenta la ocasión. No todos los días hay alguien que nos necesita. Otros lo harían igual de bien, o mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a la Humanidad entera. Pero en este lugar, en este momento, la humanidad somos nosotros, tanto si nos gusta como si no.
 

Blog


© EL COMERCIO DIGITAL, Servicios en la Red S.L. C/ Diario El Comercio, 1 33207 Gijón (Asturias) España, UE