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Príncipe para un músico de las palabras |
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Leonard Cohen recibe el Premio de las Letras por haber creado «un imaginario sentimental»
Al final el premio fue para quien no sólo puso la letra, sino también la música. El jurado del Príncipe de Asturias se decantó por Leonard Cohen, el trovador canadiense (Montreal, 1934) de voz cavernosa y origen judío, con casa en Grecia, templo budista en Los Ángeles, y habitación musicada en el Chelsea Hotel de Nueva York, que lleva toda una vida creando y media recuperando lo que su manager le robó. El mismo que a los 14 años se dejaba embrujar por las cuerdas de una guitarra aflamencada y a los 15 descubría en García Lorca la vocación de toda su vida (a él le dedica la canción 'Take this waltz'). La vocación que ahora ve premiada. Pues es al poeta y al narrador y no al cantante al que se aúpa al palmarés. Aunque ambos van de la mano. Como dice su biógrafo y amigo español Alberto Manzano: «Detrás de cada obra literaria de Cohen hay una guitarra invisible».
El mismo jurado, en la argumentación que le coloca en el podio al lado de Amos Oz, Álvaro Mutis, Ismail Kadaré o Paul Auster, advierte que no viven las palabras sin sus notas. De hecho, se le premia «por una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable».
El académico Víctor García de la Concha, máximo representante ayer del jurado, prestaba su voz a ese bello razonamiento, que concluía con un paseo por ese imaginacio que ampara la herencia Cohen. «El paso del tiempo, las relaciones amorosas, la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada», conforman, dice el acta, «una balada interminable», una obra que ha sabido, además, «identificarse con los momentos de cambio decisivo a finales del siglo XX y principios del XXI».
¿Poeta antes que músico?
Cohen, que cumplirá 77 años en septiembre, es conocido en el mundo entero como cantautor. No hay un solo rincón del planeta donde alguna vez no hayan sonado 'Suzanne' o la más de cien veces versionada 'Hallelujah'. Pero los focos se ponen ahora sobre su voz literaria. Son muchos los que dicen que este trovador levantó primero los pilares de sus versos que los de sus canciones. En realidad, su primer libro de poemas, 'Let us compare mythologies' (por cierto también inspirado en Lorca con poemas escritos entre 1949 y 1954), se publicó en 1956 con una subvención del Canadá Council. Fue justo once años antes de que su primer álbum, 'Songs of Leonard Cohen' (1967), sonara en un tocadiscos.
Significa esto que antes de ese primer disco sacó al mercado cuatro títulos más, los poemarios 'The Spice-Box of Earth' (1961), y 'Flowers for Hitler' (1964) y las novelas 'The Favourite Game' (1963) y 'Beautiful Losers' (1966). Pero eso sólo muestra la apariencia. Según Alberto Manzano, autor de varios libros sobre Cohen, incluida su biografía, «en realidad, a los 14 años ya quería ser músico y a los 16 fundó su primer grupo de carácter country, los Buckskin Boys'».
Asegura este experto y traductor de toda su obra, ayer feliz porque, «por fin, se haya reconocido en España su envergadura literaria», que el flamante nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Letras, «ya estudiaba guitarra cuando empezó a escribir. Desde niño quería ser músico».
Ambas disciplinas le han acompañado siempre. Al parecer, el propio Cohen nunca ha querido desligar una de la otra, pese a ser consciente de que su popularidad le venía más por la música que por su capacidad como narrador. Hecho que es más evidente en España que en otros lugares del mundo. Por ejemplo, en los Estados Unidos y en Canadá este mismo año fue superventas por su libro 'Poemas y canciones'. Con 'Book of longing', que vio la luz en 2006, lograba alcanzar el número 1 en el mercado de Canadá. Algo inaudito para un poemario.
15 años retirado
Lo que sí es cierto es que durante muchos años su pluma estuvo más activa que su guitarra. De hecho, cuando en 2008 decide celebrar cuarenta años en la música con una gran gira internacional que le trajo a varias ciudades españolas, llevaba 15 sin tocar un escenario.
No sólo se había retirado de la música. También intentó alejarse un poco del mundo. En 1994 ingresaba en el monasterio budista de Mt. Baldy (cerca de Los Ángeles), donde era llamado Jikan, El Silencioso, y donde tanto se evadió del mundanal ruido que dio alas a la vena delincuente de su 'manager'. Resultado, Leonard Cohen se quedó sin nada. 800 millones de las antiguas pesetas se llevó el que creía era su mano derecha. Pero no conforme con eso, vendió al mejor postor los derechos de todas sus canciones.
Hoy Leonard Cohen no tiene la propiedad intelectual de sus principales éxitos. Por eso volvió a la música, para poder recuperar parte de lo que la música le había dado, económicamente hablando.
Cuentan que cuando aceptó su primer contrato con la Columbia para grabar el primer disco, que ya incluyó algunas de sus mejores canciones ('Suzanne' y 'Sisters of Mercy'), lo hizo porque con la poesía y las novelas no le llegaba para las necesidades básicas.
Tres épocas literarias
Nacido en el seno de una familia de emigrantes judíos y licenciado en Literatura, a Leonard Cohen los expertos le enumeran tres épocas de escritor. «Una primera muy influida por las sagradas escrituras, una segunda más cercana a la generación beat y una tercera en la que vuelve a los temas místicos, pero desde la perspectiva del budismo».
Su temática, que también se destaca en la concesión del Príncipe, es muy recurrente. La religión, la persecución de los judíos, el amor y el tiempo han estado presentes en sus libros y también en sus canciones. Autor de trece volúmenes, en la década de los 60 se instaló temporalmente en la isla de Hydra, en Grecia. Allí, dicen, compuso algunos de sus mejores temas, sin dejar nunca la literatura. En 1967 regresó temporalmente a Estados Unidos, donde grabó su primer disco. Hoy sus idas y venidas han terminado, pero no los reconocimientos. |
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