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Gebrselassie, Premio Príncipe de Asturias de los Deportes PDF Imprimir E-Mail
Haile Gebrselassie se impone en la votación final al futbolista Raúl González. El jurado del Premio Príncipe de los Deportes distingue al etíope por «su excelencia deportiva y humana»

Eduardo Alonso / Pablo San Román | Oviedo / Daegu

Las historias sobre el atleta de la sonrisa permanente revoloteaban, al mediodía, en el salón Covadonga del Hotel de La Reconquista, epicentro sobre lo que debía ser la noticia del día: la atribución de la máxima recompensa de los Premios Príncipes de los Deportes, caprichosa en ocasiones, justa en otras, a un etíope que ha convertido el atletismo en una industria especializada en récords mundiales.

Como muchos de los mejores atletas de fondo de la historia, Haile Gebrselassie (Arssie, 18 de abril de 1973) se ha pasado la vida corriendo. Hijo de granjeros y con nueve hermanos más, lo hacía de pequeño para ir a la escuela. Todos los días. Veinte kilómetros. Desde los tres años. Diez de ida, diez de vuelta. Y con los libros en un brazo. De ahí la forma tan curiosa de bracear cuando corre. Tanto o más que la propia forma en la que apoya sus pies sobre el tartán de la pista.

Esa cuestión y muchas otras han maniatado a toda un generación de adversarios del atleta africano. A Gebrselassie, conocido en el altiplano de Addis Abeba, a 3.000 metros de altitud, donde se ha entrenado toda la vida, como 'Neftenga' ('El Jefe), nunca ha habido que preguntarle cómo se encontraba. Lo contaban sus piernas. Si habían trabajado a fondo, si los músculos se dejaban ver la piel fina como un hilo, es que estaba a punto. Y de qué manera.

Porque el Premio Príncipe de los Deportes distinguió ayer al mejor fondista de la historia, al que más rápido ha volado en la prueba de maratón, al que ha dejado su sello allá donde ha corrido, al gran Gebrselassie. 'El Jefe' ganó ayer con el viento a favor que ruge su palmarés: ganador de dos oros olímpicos en Atlanta (1996) y Sydney (2000), cuádruple campeón del mundo y actual plusmarquista mundial del maratón con un tiempo de 2h03:58.

La tarea del jurado de cualquier galardón es delicada y con frecuencia poco que comprendida. Pero lo cierto es que ayer poca duda hubo. Quizás menos que nunca. Tanto en los muros de La Reconquista como fuera de ellos. En pocas ocasiones ha habido un pronóstico tan claro y coincidente, pese a los intentos de la Fundación de dilatarlo lo más posible y mantener vivo ese ambiente de incertidumbre, una vez echaron a volar la jornada anterior los nombres de los otros cuatro finalistas: el futbolista Raúl González, el equipo español de natación sincronizada, la ciclista francesa Jeannie Longo y la candidatura conjunta de los montañeros Edurne Pasaban y Reinhold Messner.

«Hasta el final de su carrera ha sido un mito desafiando a su propia leyenda. El atleta está además implicado en labores humanitarias y de mediación en los múltiples conflictos que azotan desde hace años a Etiopía». La extenista Arantxa Sánchez Vicario fue ayer la que, en esta ocasión y tomando el relevo del exwaterpolista Manel Estiarte al frente del jurado, tomó el protagonismo con la lectura del acta para destacar «su excelencia deportiva y humana». «Siempre corrió con una permanente sonrisa las pruebas más exigente», dijo la presidenta. «El atleta está además implicado en labores humanitarias y de mediación en los múltiples conflictos que azotan desde hace años Etiopía», concluyó.

Porque Gebrselassie, ahogado por el asma y sufriendo las primeras consecuencias de una tendinitis en su rodilla derecha tras una treintena de años en carreras, decidió echar el alto a finales del año pasado. A sus 38 años. «Nunca pensé en dejarlo, pero por primera vez es el día. Dejadme parar y hacer otra cosa. Dejadme hacer otro trabajo y dejar paso a los jóvenes», dijo entonces. Aunque el amor a la competición le ha hecho ahora dudar.

De momento, se ha echado a un lado. Pero sólo para emprender otro reto en su vida: la lucha para que sus compatriotas vivan mejor. Y en eso está. Millonario, empresario en su país (hoteles, coches, cines...), de apenas 1,65 metros de altura, 55 kilos y unas largas piernas que, según sus compañeros, «le cuelgan directamente de las axilas», Gebrselassie sigue siendo uno de los símbolos del atletismo, pero ha levantado con orgullo un exhaustivo compromiso de la colaboración con las obras sociales y el fomento del deporte en Etiopía, ostenta el título de embajador de Buena Voluntad de UNICEF y ha abierto dos escuelas en Bahar Dar y Assela.

El atleta de Etiopía se consagró, ayer, pues, en Oviedo y sucede en el palmarés del galardón a una selección española de fútbol liberada ya de frustraciones. No fue una decisión unánime, pero sí clara. El jurado del galardón, del que formaban parte una treintena de personalidades como por una treinta de personas, entre las que se incluía al presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco; al miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) Juan Antonio Samaranch Salisachs; al exsecretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky; y a exdeportistas como Arantxa Sánchez Vicario, Enrique Castro 'Quini' y Theresa Zabell, asumió la superioridad de la propuesta de Gebrselassie. A lo largo de las deliberaciones de la mañana, se fueron descartando, de forma mecánica, al equipo español de natación sincronizada, Jeannie Longo y Edurne Pasaban y Reinhold Messner. Quedaron dos. Pero no hubo color. 26 votos para el atleta etíope por los 3 para Raúl. Gebrselassie sacó ayer billete para Oviedo. La cita, el 28 de octubre en el Teatro Campoamor.

El jamaicano Usain Bolt, descalificado en la final de 100 metros por salida falsa, recuperó la sonrisa ayer tras pasar a la final de 200 que se disputará hoy. Bolt dio un paso hacia la conquista de los 200, entre bromas, y demostrando que está relajado.
El jamaicano se impuso en la segunda de las tres semifinales con un tiempo de 20.31, el segundo mejor registro entre los ocho clasificados para la final, aunque redujo ostensiblemente su velocidad en los últimos metros. Cuando se presentó a los atletas en el estadio a través de las pantallas gigantes, Bolt bailó, hizo como si fuera un vaquero disparando sus pistolas e incluso realizó algunas posturas de karate.

«¿Lo parece?», respondió un sonriente Bolt a la prensa cuando le preguntaron si la decepción por la descalificación en 100 metros estaba superada. «Unas veces ganas, otras veces pierdes. Ya he superado eso. Cometí un error, pero tengo que seguir adelante», afirmó el velocista jamaicano, que comentará después de la final de 200 la salida falsa que provocó su eliminación el domingo en la final del hectómetro.

Plata de Oscar Pistorius

El atleta paralímpico sudafricano Oscar Pistorius conquistó ayer en el Mundial de Daegu una histórica medalla de plata con el relevo 4x400 metros de su país, a pesar de no correr en la final, debido a que había participado en la serie de semifinales. Sudáfrica no utilizó en semifinales a L. J. Van Zyl, que disputó la final de 400 metros vallas, por lo que Pistorius tuvo que dejar su plaza en la final del relevo para que corriera. «Decidimos antes de las semifinales que el más lento no correría la final. Desgraciadamente, la carrera de Oscar fue la más lenta», destacó Shane Victor, uno de los miembros del cuarteto sudafricano que ganó la plata.

 

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