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El Príncipe celebra la «derrota» de ETA y apela a la «dignidad» de los fallecidos PDF Imprimir E-Mail
«Es una gran victoria del Estado de Derecho», destacó ante un Campoamor puesto en pie
LAURA MAYORDOMO

La actualidad informativa marcó ayer las palabras del Príncipe de Asturias en el Teatro Campoamor. Apenas habían transcurrido 24 horas del comunicado en el que ETA certificaba el «cese definitivo» de la violencia y la referencia a esta «buena noticia» era tan obligatoria como esperada. «Ayer conocimos que quienes han martirizado durante tantos años a la sociedad española con su violencia terrorista asumen su derrota», comenzó don Felipe un discurso de 30 minutos de duración en el que hasta en tres ocasiones mencionó la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos y en el que, un año más, no faltaron las referencias a la crisis económica. Pero ayer la noticia -la «buena noticia», como subrayó el futuro Rey- era la de la «gran victoria de nuestro Estado de Derecho». Al terrorismo de ETA se le ha vencido gracias a «la voluntad y determinación de las instituciones democráticas». Gracias «al sacrificio» y gracias al «trabajo abnegado y eficaz» de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, «en definitiva, del conjunto de nuestra sociedad», aseguró el Príncipe de Asturias. Para todos tuvo ayer palabras de agradecimiento.

Y «en esta hora en la que la libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie» llegó el momento del homenaje a quienes, a lo largo de las cinco décadas de existencia de la banda terrorista, han sido y son sus víctimas. «Querría que todos unidos volviésemos la mirada, con inmenso cariño y respeto hacia las víctimas, hacia su dolor y rendir el homenaje más emocionado a su memoria, a su dignidad», pidió don Felipe. Y el Teatro Campoamor respondió con un emocionado, caluroso y largo aplauso que puso en pie primero a las autoridades, miembros de la Fundación, presidentes de los jurados y anteriores premiados que ocupaban la parte derecha del escenario, en un gesto que fue inmediatamente imitado por el patio de butacas, por los galardonados y por la propia reina doña Sofía, acompañada en el palco real por el ministro de Educación, Ángel Gabilondo.

A los «difíciles» tiempos que nos han tocado vivir se refirió en distintos momentos de su discurso el Príncipe, que pidió que «evitemos las confrontaciones y las divisiones estériles, que respetemos y seamos capaces de integrar las sensibilidades y las opiniones divergentes». Porque «debatir rigurosamente no es enfrentar, sino construir; aportar soluciones no es sinónimo de repudiar por sistema las ajenas y llegar a acuerdos siempre propicia la generosidad, el compromiso y la confianza», defendió antes de destacar que «el vigor de nuestra democracia no es ajeno a cada uno de nosotros».

Fue en la parte final de su intervención cuando el Heredero aludió a la actual situación económica, a la que animó a enfrentarse «con decisión y valentía». En una línea similar a la del discurso de la pasada edición de los Premios Príncipe, don Felipe apeló al optimismo porque «tenemos buenas razones para saber que podemos superar las dificultades y los desafíos que tenemos por delante». Y recurrió a las enseñanzas de Jovellanos, cuyas ideas aún «son un referente para todos, más aún en estos tiempos difíciles». No olvidó la solidaridad de los ciudadanos y las instituciones que se están volcando con aquellos a los que la crisis golpea con mayor intensidad y a ellos les quiso agradecer su esfuerzo.

Recuperación del empleo

Pero es la recuperación del empleo, sobre todo el de los más jóvenes, el principal reto de la sociedad española. Una «empresa común en la que hoy, más que nunca, tenemos que estar unidos». Unidad fue lo que reclamó también el Príncipe para avanzar «resuelta y solidariamente en la construcción europea, que se encuentra hoy en una de las encrucijadas más decisivas de su historia».

Antes, el protagonismo había sido para los galardonados en las ocho categorías de unos premios que cumplen 31 años, a los que comparó en ejemplaridad a Jovellanos. «Tan distantes en el tiempo, pero tan cercanos en un mismo espíritu: un espíritu de valentía, de superación y de modernización».

El director de orquesta italiano Riccardo Muti, galardonado con el Premio de las Artes y «un humanista con profunda vocación investigadora», fue el primero en recibir los elogios del futuro Rey. Volvió luego la vista a América para destacar las «innovaciones en el sistema educativo» que han supuesto las investigaciones del Premio de Ciencias Sociales, el psicólogo norteamericano -y padre de la Teoría de las inteligencias múltiples- Howard Gardner, a quien reconoció su «empeño» en mejorar la formación de los seres humanos «y, por tanto, su futuro».

Los mismos valores, afirmó, que se encuentran en The Royal Society, Premio de Comunicación y Humanidades. La trayectoria de 350 años de la sociedad científica británica «nos ayuda a resaltar y defender la prioridad social de la educación y de la instrucción», alabó.

Como también destacó «el objetivo de cambiar y mejorar el mundo» con el que trabaja el Premio de Cooperación Internacional, Bill Drayton o las aportaciones a la Ciencia de los neurobiólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti, que comparten el Premio de Investigación Científica y gracias a los que «sabemos más y entendemos mejor el cerebro humano».

De Leonard Cohen, que llegó a emocionar a la Familia Real con su discurso, aseguró que leerle y escucharle «es sentir la fuerza de quien escribe y canta directamente para los corazones». «Reconocemos su gran obra y le damos las gracias por su coherencia, por su belleza, por no haber renunciado a todo aquello que lo ha convertido en un artista admirado y admirable, un amigo con el que recorrer los senderos de la vida y de la fuerza imparable del amor».

A otra fuerza, la de voluntad, se refirió al dibujar el perfil del atleta Haile Gebrselassie, Premio Príncipe de los Deportes por sus éxitos deportivos, pero también por «contagiar sus sueños más ambiciosos ayudando a los demás, a los más desfavorecidos». Como los miles de somalíes refugiados en el país de origen de Gebrselassie, Etiopía, en Kenia y Yibuti, que «se mueren de hambre» y para los que Don Felipe reclamó atención.

Apoyo que también envió a Japón, representado en la gala de ayer por los héroes de Fukushima, Premio de la Concordia, que «con su actitud valiente y entregada, representan toda la grandeza de espíritu que nos mueve a hacer el bien, a renunciar a todo por los demás, incluso a la propia vida».

Cariñoso fue también el elogio que el Heredero de la Corona dedicó al secretario general de la Fundación Príncipe de Asturias, Juan Luis Iglesias Prada -fallecido el pasado mes de marzo- porque «echaremos mucho de menos su entusiasmo y la ilusión y el cariño con los que trabajó en beneficio de nuestra institución».
 

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