Innova Digital Nag traducciones Lopez Galilea Josechu Santana Castillo de san cucao Indira Eventos El Atrio Autosa Oviedo BMW Alfercam Gijón - Asturias con sal

Encuestas

¿Cuál de los premios le parece más merecido?
 
Inicio arrow Pueblo Ejemplar arrow 2011 :: San Tirso
El Príncipe llama a la solidaridad PDF Imprimir E-Mail
Don Felipe y doña Letizia entregan el Pueblo Ejemplar a San Tirso , por su trabajo en común en «estos tiempos difíciles»
PACHÉ MERAYO

Si el acto del Campoamor le sirve al Príncipe de Asturias para ensalzar la excelencia humana y lanzar al viento las ejemplares batallas personales de los mejores hombres y mujeres del mundo, la entrega del Premio al Pueblo Ejemplar se convierte en su voz en un canto a la naturaleza y una llamada a conciliar la belleza y cultura rurales con el progreso del siglo XXI. Ayer, en San Tirso de Abres, no hizo una excepción. Sin embargo don Felipe, acompañado durante toda la jornada por una risueña y resuelta princesa Letizia, que iba dejando piropos más tras su paso que ante él por todo el pueblo premiado, aprovechó además su cita anual con la geografía asturiana para hacer una nueva llamada a la solidaridad. La ponía ya en escena con absoluta convicción en la ceremonia de Oviedo y ayer volvió a rogarla por el bien de todos.

Primero acampó en su discurso, ante medio millar de personas -el pueblo casi al completo, y varios vecinos llegados de toda la comarca, de varios lugares a la vera del Eo- como una evocación de las virtudes de los santirseños («uno de los méritos que os reconocemos»). Después salió la solidaridad al paso para recordar que, «ante la gravedad de los problemas que vivimos, es uno de los valores que enaltecen la vida ante la desgracia ajena».

Hablaba así el Heredero en el acto institucional de entrega del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, el acto con el que culmina cada año su visita al Principado, promovida por la Fundación de la que es presidente de honor y cuya directora, Teresa Sanjurjo, se vanagloriaba al término de la jornada de «lo bien que han salido todas las cosas».

Era el acto institucional uno de los muchos que protagonizaba la pareja real en el municipio más occidental de la región. Enclavado a orillas del río Eo, a la vera misma de Galicia, amanecía ayer engalanado en sus balcones, repleto de gentes en las calles de El Llano, la capital del concejo, que alfombró con flores su principal avenida para celebrar el paseo real de la pareja invitada. Movía tras de sí un numeroso séquito integrado por las principales autoridades de la región, encabezadas por el presidente Álvarez-Cascos, acompañado en todo momento por su esposa María Porto, que disfrutó de cada uno de los detalles que el pueblo le mostraba a Sus Altezas, preguntando casi tanto como ellos por el origen, las causas y las costumbres de cuanto les era mostrado.

Comenzaba la visita a este lugar enclavado en un bello paisaje marcado por las distancias y una histórica escasez de recursos, precisamente sobre la alfombra de claveles y colores que una docena de hombres y mujeres de San Tirso se pasaron la noche convirtiendo sobre el suelo callejero en una «auténtica obra de arte». Una obra de arte que doblegó la espalda de más de una voluntaria. Pero el esfuerzo tuvo sus frutos en los elogios de los Príncipes que sin quererla pisar pasaron a su lado con cuidado, mimo y admiración. Lo hacían antes de que don Felipe lanzara al aire un nuevo mensaje de esperanza, aliñado con otra llamada a la fraternidad: «Es evidente que estamos en el comienzo de tiempos nuevos y difíciles en los que el bienestar de cada uno ha de ser inseparable del bienestar de los demás». Y un gesto más para quienes habitan la naturaleza y mantienen vivas las costumbres de siempre: «En el mundo globalizado que vivimos, lo local, las pequeñas comunidades y muy especialmente este mundo rural que habitáis, han jugado un importante papel que debéis guardar a la altura y en sintonía con nuestro tiempo».

En su discurso el Príncipe, que fue prologado por las palabras agradecidas de la alcaldesa de San Tirso, María Goretti Quintana, y las de Ángel Prieto Souto, presidente de la Asociación Cultural San Tirso del Eo, recordó también que el pueblo premiado había ganado el voto prácticamente unánime del jurado no solo por preservar las costumbres del pasado y la cultura ancestral «salvándola del olvido», sino también por generar «una nueva fuente de riqueza», que no es otra que «el turismo rural», impulsado «en torno a vuestra naturaleza y especialmente en torno a vuestro Eo». Sin embargo, los aplausos de los vecinos no llegaron a interrumpir al ilustre visitante -que minutos antes se encontraba por sorpresa con una fotografía de su abuelo, el infante don Juan, colgada en el Centro de Interpretación de la Pesca- hasta que sus palabras no viajaron al otro lado del Atlántico. Tras recordar a los hermanos de Galicia y a «todos los que en esa querida tierra viven», se refirió a los «muchos que sueñan con Asturias desde la lejanía» y a ellos envió «nuestra gratitud y nuestro cariño».

También saltaron a su memoria los muchos aspirantes que cada año se quedan a las puertas del premio, así como los que ya lo han obtenido, que forman «un conjunto que es modelo y estímulo». Un modelo, dio, que sirve para mirar hacia adelante con el fin de «realizar algunas de las esperanzas y deseos más anhelados». Juntos, expresó, constituyen «una pequeña, pero hermosa lección de cómo hacer un mundo con mayores ilusiones, un mundo en el que no debe faltar una cierta dosis de utopía, pues los sueños optimistas y generosos alumbran siempre progreso y esperanza».

Concluía don Felipe, a un paso del presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte, en todo momento a su lado, entre aplausos de los vecinos, que menos dados a las muestras a afecto efusivo en lo verbal que los de otras poblaciones, siguieron felices la visita, agolpados tras las vallas de seguridad -engalanadas con telas azules- para darles la mano (alguna no volverá a ser lavada) y fotografiar todos los frentes no sólo con cámaras, sino también con teléfonos móviles.

El trayecto que comenzó ante la alfombra de flores y siguió en el Centro de Interpretación de la Pesca, donde la pareja hizo las delicias de los niños que habían participado en un taller de fabricación de moscas, y emocionó con su «naturalidad e interés» a su responsable, Lorena Rodríguez, tuvo su tercer punto de encuentro ante la placa que conmemora el Premio. Tallada sobre una escultura de madera, es obra de José María García Bouza, el mismo escultor de la talla de la Virgen de Covadonga que luce en la iglesia parroquial de San Salvador, templo del siglo XVI, «varias veces restaurado», como advierte algo desesperado «por la diversas intervenciones» su párroco, José Luis Rodríguez Fernández, encargado ayer de hacer de cicerone por las diversas joyas escultóricas en la «rápida visita de Sus Altezas». Allí tuvo lugar la última parada real previa a la comida a la que fueron invitados, bajo carpa y prolongado menú, todos los vecinos.

Pero antes de llegar a la mesa, los Príncipes fueron conducidos a la plaza del Ayuntamiento, donde visitaron una modesta exposición fotográfica montada al aire libre sobre las actividades de la comunidad vecinal, para pasar después al Consistorio local y, tras firmar en el libro de honor, ser agasajados con dos réplicas del salmón de oro, símbolo de la importancia histórica que tiene para el municipio del Eo el aprovechamiento del río, que cuenta en la actualidad con quince cotos salmoneros.


 

Blog


© EL COMERCIO DIGITAL, Servicios en la Red S.L. C/ Diario El Comercio, 1 33207 Gijón (Asturias) España, UE