Premio Príncipe de Asturias de Investigación 2008
Tobin Marks, Sumio Iijima, Robert Langer, Shuji Nakamura y George M. Whitesides
Opinión
JAVIER ABEL MENÉNDEZ
Instituto Catalán de Oncología
El combate de David contra Goliat
La definición de nanotecnología como «campo de investigación que trata con la ingeniería y la creación de cosas hechas con materiales que tienen un tamaño de menos de 100 nanómetros» (¡una billonésima de metro!)” puede parecernos «poca cosa» (nunca mejor dicho). Muchos podrán pensar, además, que todo lo que tiene que ver con la nanotecnología entra dentro del campo de la ciencia-ficción. No realmente.
Todas las mañanas (bueno, también todas las noches) millones de personas en el mundo utilizan en su casa la primera generación de ‘nano-dispositivos’. Cuando nuestras arrugas, ojeras, labios, etc., reciben la reconfortante ayuda de tal o cual «crema reafirmante-regeneradora-rejuvenecedora», lo que en realidad están incorporando en sus células son ‘liposomas’, unas diminutas cápsulas capaces de transportar moléculas (agua, anti-oxidantes, colágeno) con fines médicos y resultados estéticos. Asustaría calcular el número de ‘nano-dispositivos’ que muchos emplean (con mejores o peores resultados, eso si) cada día.
En realidad, la nanotecnología, y más concretamente su utilización, debe considerase uno de los avances tecnológicos claves de nuestros tiempos. Hablemos, por ejemplo, de su empleo en una enfermedad como el cáncer. Ya en el año 2004, el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) estadounidense puso en marcha un plan para potenciar la aplicación de los avances nanotecnológicos en los distintos tipos de cáncer. Los norteamericanos, que en estas cosas no se andan con chiquitas, bautizaron a su plan Alianza para la Nanotecnología en el Cáncer, e invirtieron inicialmente casi 120 millones de euros para cambiar de forma radical la capacidad de nuestra medicina actual para diagnosticar, comprender y tratar el cáncer.
Con esta iniciativa, se ha querido poner precio y fecha (antes del 2015, han dicho) a la consecución del sueño tan anhelosamente perseguido de diagnosticar el cáncer a tiempo y simultáneamente poder tratarlo con una precisión impensable hasta ahora. La utilidad de la nanotecnología para localizar las células responsables de un tumor y destruirlas se debe a que los dispositivos nanométricos son más pequeños que las células que componen nuestro cuerpo e incluso que las partes que componen las células (los orgánulos), y además son capaces de transportar determinadas sustancias (fármacos, por ejemplo) y de liberarlas en el lugar y momento adecuado.
Con nuestras estrategias actuales somos más o menos capaces de localizar la diana (el tumor), pero desafortunadamente algunas de nuestras armas (la quimioterapia) y nuestra puntería (las pautas de tratamiento) se equivocan y dañan otros tejidos sanos, con los indeseables efectos colaterales por todos conocidos. Son muchos los investigadores que consideran que los avances en el campo de la nanotecnología podrían transformar por completo las bases de la prevención, diagnóstico y tratamiento de una enfermedad tan compleja y difícil de manejar como el cáncer.
Pero la nanotecnología no solo encuentra su aplicación en enfermedades como el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas o el transplante de órganos. En un momento histórico como el que estamos viviendo donde muchas instituciones y (casi) todos los gobiernos del mundo están buscando la manera de detener el calentamiento global de nuestro planeta, la nanotecnología y la ciencia de materiales puede ofrecer nuevas alternativas al origen del problema: nuestro excesivo consumo de energía.
Por ejemplo, la nanotecnología aplicada a la electrónica es capaz de proporcionar ya sistemas capaces de generar y emitir luz por sí mismos. Los semáforos tal y como los conocíamos ya están pasando a la historia y las bombillas incandescentes tradicionales para el alumbrado doméstico y de nuestras ciudades tienen los días contados con la llegada de planchas de papel de un milímetro de espesor capaces de producir luz con gran eficiencia.
Aunque parezca contradictorio, la aplicación de la nanotecnología a la síntesis de nuevos polímeros y plásticos también podría ayudarnos en el ahorro de energía y a proteger el medioambiente, dado que los nuevos nano-polímeros proporcionarían un mejor aislamiento del frío, del calor y del ruido. Un informe reciente ha sugerido que si solamente se dedicase el 5% de la producción de aislantes plásticos a mejorar los niveles de aislamiento actuales, se obtendría un ahorro de energía tres veces superior a la energía necesaria para producir esos plásticos y polímeros adicionales que ahora necesitamos para aislarnos de manera eficiente.
No es casualidad, en definitiva, que el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica haya recaído este año 2008 en cinco científicos (el japonés Sumio Iijima y los estadounidenses Shuji Nakamura, Robert Langer, George M. Whitesides y Tobin Marks) considerados referentes universales en la Nanotecnología y la Ciencia de Materiales. Queda por ver que sus trabajos finalmente contribuyan decisivamente a la cura de enfermedades crónicas y al ahorro energético.
El Goliat bíblico medía algo así como 3 metros, llevaba en la cabeza un casco de bronce, e iba revestido de una coraza de escamas que pesaba más de 50 kilos. Una pequeña piedra, lanzada con cierta habilidad desde la honda del pequeño David, fue capaz de tumbarlo. Pues bien, un nanómetro es a una naranja lo que ésta es a la Tierra, y ahora ya estamos en disposición de utilizar ‘nano-hondas’ para derrotar a los ‘goliats’que tanto amenazan nuestro horizonte como especie.
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