Pasarela de estilos
Variedad en el vestir, en una tarde en la que Isinbayeva causó sensación
LETIZIA ÁLVAREZ

Desde que se ausentan de la gala las Segrelles, a la alfombra azul del Teatro Campoamor le falta algo. Menos mal que el vintage de Valentino lucido por Soledad Saavedra, esposa del presidente del Principado, ayudó a resarcir esa carencia de piezas realmente dignas de colección que desapareció con las Palomas, madre e hija. Sin ellas, la atención se posa en otros objetivos. Por ejemplo, en otra Paloma, la madre de la Princesa, que el año pasado escapó de los objetivos porque entró al teatro demasiado pronto, casi cuando acceden a su interior los periodistas y algunos invitados de menor rango institucional.

Esta vez Rocasolano fue detectada a tiempo y aunque por discreción dio la espalda a los fotógrafos, la insistencia de los reporteros hizo que se girara y posara, como siempre, sonriente. La madre de doña Letizia iba acompañada de una amiga y lució para la ocasión un conjunto de falda y chaqueta en color gris perla con unos zapatos idénticos a los 'peep toes' que usó la Princesa en alguna ocasión, grises y en piel de serpiente. Pero si una mujer acapara las miradas en esa alfombra esa es precisamente la Princesa de Asturias. Ayer volvió a levantar expectación. ¿Qué llevará?, era la pregunta que todos se hacían. La respuesta, al bajarse del coche oficial. Doña Letizia volvió a recurrir a Felipe Varela con un vestido patchwork azul marino. Un traje con lentejuellas mate, cintas de raso, cabuchones negros e hilos de plata que combinó con un cardigan de lana y seda en color 'midnight blue', y un bolso y unos zapatos de salón de Magrit. Con el pelo ligeramente rizado, la Princesa hizo entrada en el teatro acompañada por la Reina, con un elegante conjunto en color cardenal y de manga desestructurada. Doña Sofía volvió a tener un guiño con los asturianos al lucir en su escote la Cruz de la Victoria, la medalla de la Virgen de Covadonga diseñada por Quirós Artejoya y que está inspirada en una pieza del siglo XIX y un collar de oro y perlas australianas. Espléndida como siempre, esta vez invitó a su palco de honor, y «para que conociera Asturias», según un portavoz de la Casa del Rey, a la princesa Alia de Jordania, muy elegante con un vestido lápiz en negro con mangas y escote de gasa.

La más llamativa de las asistentes fue sin duda Isinbayeba, con un conjunto de gasa y encajes y su espalda de atleta al descubierto que lució encantada como una artista de Hollywood. Espectacular acudió la modelo Sandra Ibarra, de minivestido encarnado de la diseñadora Ana Locking, abrigo de paño negro de Alicia Rueda, zapatos con los dedos al descubierto de seda con hebilla de strass de Sara Navarro y joyas de Zúñiga.

También muy guapas dos asturianas, Inés García y Carolina Compostizo, la primera, esposa de Jacobo Cosmen, de negro con complementos de Prada, y la segunda, mujer de Fernando Masaveu, de terciopelo azul noche de Roberto Verino. También de firma española, de Lorenzo Caprile, apareció la académica de la Historia Carmen Iglesias, con un llamativo conjunto de pantalón de encajes y chaqueta en color salmón.

De Oscar de la Renta, en jaspeado negro y dorado y muy delgada, apareció Elena Ochoa; de negro, muy sencilla y primaveral, la periodista Inka Martí, esposa de Jacobo Fitz James; de rojo carmín, la ex ministra Ana Pastor; de rosa tornasolado, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; de marrón y negro, la de Sanidad, Trinidad Jiménez; de negro, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, a la última con suplementos en sus zapatos, y de rosa, la consejera Mercedes Álvarez. Quien más y quien menos a la moda, aunque todas, eso sí, a su manera.