| Sonrisas fuera de la foto |
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La intrahistoria de la imagen oficial de los Premios se llenó de anécdotas, como la incapacidad de Foster para colocarse su insignia. La OMS, su directora general más concreamente, le salvó
IDOYA REY Lo recogió con una amplia sonrisa y lo guardó en el bolsillo sin sacarlo de su cajita. Al ver que sus compañeros se lo ponían, se percató de su error protocolario y, afanoso, los imitó. Pero no lo consiguió. El regalo se rebelaba. La directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, acudió en su ayuda. Ni con esas. Desistió por un momento, pero de camino al posado con los Príncipes de Asturias volvió a intentarlo. Lo peleó, hasta que lo logró. Él era Norman Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009, el hombre que diseñó el edificio más alto de España, el puente más alto del mundo y al que la crisis le truncó la construcción más elevada de Europa. Se peleaba con un pequeño pin insignia obsequio de la Fundación. La anécdota rompió la rigidez de uno de los actos más tópicos y ceremoniosos de cuantos componen los rituales de entrega de los Premios Príncipe: el posado de familia que cada año se¡ repite con rigor protocolario. Foster sencillo, gracioso y con un ‘look’ rozando la estridencia (una camisa de cuadros verdes conjuntada con una corbata morada de pequeños lunares blancos), puso la nota de humor durante los 15 minutos queestuvieron ante las cámaras que, aunque parezca mentira, dejan gran cantidad de anécdotas. La mujer del arquitecto británico, Elena Ochoa, también tuvo su traspiés: tras el saludo de Don Felipe y Doña Leticia a los galardonados, amagó con colocarse en la foto, un coto restringido a los condecorados; Paydem, miembro de la OMS, reprochó a su compañero guineano en la organización, Andrés Nzang, que se bajara del escalón por su diferencia de altura; y el Príncipe Felipe también echó un cable al ex alcalde de Berlín Eberhard Diepgen, con el pin. Antes, los Príncipes, aludaron a los otros, los presidentes de los jurados encargados de decidir el destino de los premios, encabezados por Manuel Fraga. Les siguieron los miembros del Patronato de la Fundación, que con las reverencias bien ensayadas saludaron a don Felipe y doña Leticia. Todos abandonaron la sala seguros de haber mantenido el protocolo y con una amplia sonrisa en sus rostros, la misma que se les presumía a los premiados, un poco más perdidos con las formalidades. |